que hubo prometido a su gran amor,
el fuego es intenso que hasta el alma quema
y sus manos mueren por el cruel dolor.
No pudo escribir el poema anhelado
para que lo lea su lejano amor,
aquel gran amor, aquel ser amado,
aquella mujer que le dio El Señor.
Al tomar la pluma le duelen los huesos
pero se imagina que es pura ilusión,
y sobreponiéndose siente los besos
que una reina hermosa le da con pasión.
Con aquellos besos venció los dolores
y al fin escribió su poema de amor,
que en coro recitan muchos ruiseñores
y mil mariposas llenan de color.
El beso bendito de la reina hermosa
es la medicina que curó el dolor
y ahora la mano escribe dichosa
los versos hermosos del poema de amor.
- - - - - - - - -
Mariano Bequer.
Maracaibo, 01/01/05























