
Cuando en la noche te envuelven
las alas de tul del sueño
y tus tendidas pestañas
semejan arcos de ébano,
por escuchar los latidos
de tu corazón inquieto
y reclinar tu dormida
cabeza sobre mi pecho,
diera, alma mía,
cuanto posea:
¡la luz, el aire
y el pensamiento!
GUSTAVO ADOLFO BECKER
Reclinada sobre tu pecho
mi alma se eleva en oración,
muero gustosa en tu rincón
como mariposa azul alucinada.
Morir atada a tu cintura, sería
un pacto de amor, en ambrosía .
Leer quisieras mi loco pensamiento,
y adentrarte poco a poco en mis silencios,
otorgándote el poder de ser un mago
para mezclarte en mi vida cual espejo.
Calla mi voz, y mi lengua se agita presurosa,
saboreando tus besos vida mía, saboreando…
En un gozo total y sorpresivo, que agita
por completo el cuerpo y los sentidos.
Daría lo que tengo, más que eso,
por ser la dueña total de tus latidos,
combinando mi afán, con tus deseos.

























