
Se lamenta la noche entre las sombras,
y del silencio absurdo de mi alma,
se desgarra un gemido en eco hacia el infinito.
Palpan mis manos el viento impetuoso
que se adueña de mi falda, y de mi pelo.
Agitándose en continuo vaivén, se desgarran
los aires de mi respirar pausado;
y es cuando llega a mi pensamiento
el dolor absurdo de un adiós fingido,
el dolor absurdo de un amor que nació muerto
y que se clavó en mi alma como un niño perdido.
Es cuando el silbido callejero de un alma en pena
se aferra insistente al dintel de mi puerta,
que yo sin piedad ignoro, alejo, y luego: fenezco.
Más una tonada suave se deja escuchar
entre calle y calle, la escuchó interesada
y reconozco sus letras, esperanzadoras,
Inmensas y sabias…
“Se me acabó el amor, se fue, así no más”
Al no encontrar eco a mi ternura.
Se me acabo el pensamiento de cariño,
y se convirtió en desdén, en silencios.
“Se me acabó el amor, se fue, así no más…”
Y un nuevo perfume de mujer, emana de mi piel,
se destaca en mi alma.
























