
Te tuve entre mis brazos abrazada
la noche que dijiste que partías,
entonces ya sentí que te morías
al ver humedecida tu mirada.
Juraste con tu voz tan perturbada
volver alguna vez sin las sombrías,
presiones que opacaron nuestros días
sabiendo nuestras hora terminada.
La noche fue lluviosa y persistente,
tus pasos se alejaron impiadosos
borrando nuestro amor inconsistente.
Recuerdos socavantes y ardorosos,
quedaron ahogados de repente
con gotas de mis ojos lacrimosos.



















