
con la mirada blanca y los ojos buenos…
Cuando vio que todo terminaba… se aferró a su silencio
y buscó calma en un rezo…
La mente respiraba los recuerdos de la vida
mientras el corazón en la debilidad moría…
Cuando todo se acababa… miró al cielo
y entre tartamudeos, angustias y miedos
se dirigió al Padre en busca de consuelo…
“No me postré ante ti para pedirte…
Simplemente vengo con mi porte de ser agradecido…
No vengo hasta tu oído a reclamarte nada,
simplemente he venido a besarte la cara.
Porque sea como sea, me has otorgado regalos
que quizás hoy con los años, los descubro
envueltos en fragancias y en colores…
Quizás hoy con los años los valoro
porque bajé la marcha y tengo tiempo…
No me postré ante ti para pedirte…
vengo con la humildad que me enseñaste,
con la mirada tibia y esta sonrisa
sabiendo que en tus manos hoy me encuentro.
No caminé mi vida sin tu aurora,
Si tropecé… me levantaste de los suelos
y juntaste los pedazos de mi alma
cuando no podía levantar el vuelo…
No me postré ante ti para llorarte…
vengo con la alegría de tenerte,
de saber que cuando marche hacia otros rumbos
estarás ahí también, para sostenerme…
Agradecido estoy de lo que llevo en brazos,
porque el amor que cultivé se irá conmigo...”












