
Nadando ha de llegar
a una isla del Caribe
un aeda que de ultramar
este poema escribe.
En una playa hermosa
de una isla que enamora
vive una reina preciosa
que mi corazón adora.
Tú sabes que te quiero tanto,
tú sabes que tanto te quiero,
tú sabes que eres mi encanto
y si me faltas me muero.
Soy un aeda buscando
a mi reina del palmar
porque ella me está esperando
al otro lado del mar.
El ponto muy anchuroso
sabe que debo pasar
y se ha puesto celoso
no dejándome navegar.
Los monstruos marinos estaban
tratándome de vencer,
todos ellos intentaban
hacerme pronto desaparecer.
Oía cantos de sirenas
tratando de demorar mi viaje,
y a mi lado las ballenas
interrumpían mi peregrinaje.
Los caballitos de mar
juguetones galopaban
y al quererme alcanzar,
rezagados se quedaban.
Los pulpos y calamares,
y los erizos de mar,
a la Nebulosa de Antares
que querían enviar.
Levanto la mano y digo:
-¡Neptuno, dios de los mares,
desde ahora te maldigo
si no alejas los pesares…!-
Neptuno se sumergió
muy callado y dócilmente,
y así pronto apareció
un mar tranquilo y silente.
Eolo supo ayudarme
con una brisa muy suave
logrando apaciguarme
y moviendo al fin mi nave.
Muy pronto pude llegar
a mi destino encantado
y a mi reina del palmar
mi odisea ha impresionado.
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Mariano Bequer,
Maracaibo, 16/12/04









