
Se duerme mi alma,
en el infinito absurdo de una lágrima,
que cae doliente sobre mi regazo...
Se duerme mi piel al soplo invernal de unos labios
ausentes, que ya no están.
Se queja la mirada del paso lento de una sombra,
que sumerge los recuerdos en duelo mortal.
Abanicando a la muerte que vive por dentro
de este ser vencido en su libertad.
No tengo tus manos, no tengo tus besos.
Se agrietan mis labios y mis manos tiemblan
en ritmo mortal.
Ajusto el silencio que se cuela lánguido
entre mis palabras que no logran salir,
pero una plegaria se lo roba todo
y deseo que tú, siempre seas feliz.















