
Lluvia, Lluvia misteriosa y tibia,
que alborota el alma en agonía.
Silencios que dejan en cada partícula
del aire, un sabor a nostalgias y
rebeldías.
Sedas que se tejen airosas
al ritmo de las olas del mar,
y en un concierto majestuoso
se une el cielo con la tierra
para invocar el dolor que me asesina.
Crecen los ríos, se aumenta su caudal,
y la lluvia continua pertinaz;
encharcando el camino que me lleva
hasta el mismo infierno.
¡Escuchen! El mar bufa y reclama
mi presencia, es un latido, es un sentimiento,
es la muerte que está tocando a mi puerta.
Es la nostalgia que se prende de mi pelo.
Es…
Un sueño roto, hecho pedazos, por
la estupidez de un alma moribunda,
que cree en los carruseles y caballitos
de madera…
Que cree en la bondad de las flores
y en el dulce abanicar de las palmeras.

Mis huellas se perpetuán en la arena,
y mis manos se adoquinan en mi vientre
pensando que solo existe el milagro
divino, de ser madre.
Y ese es, mi premio.
Ese es el amor que yo merezco,
El primero, el único, y lo demás…
No existe. Se pierde en cualquier
recodo del tiempo, se pierde bajo
el titilar de los cocuyos, mientras
sopla el gélido viento…
Ser madre, es lo primero.














