CLARO DE LUNA
Al pálido reino de Selene me asomé
para ver el baile de las ánimas desde mi última gruta,
divagué a tus ojos claros tantas veces
que el paisaje devoró mi tiempo y me escupió inclinado.
Aunque al fin, percibiendo mi presencia, soltaste velos,
te alejaste de la ronda para verme
como un extraño caído de un futuro remoto,
muy cerca, hasta llenarlo todo con tu silueta.
Entonces quisiste tocarme,
pero tu mano se halló al reverso de la fuente de este jardín,
en que te encuentro ahora, muda,
parada bajo el claro de luna con un gesto de flor escarchada.
Pareces una virgen suave y triste,
llevando mi herida tras tu mirada solitaria,
y tus labios entreabiertos vienen,
mientras el vacío vibra entre nosotros como una caricia.
Nos abrazamos pasmados en el más absoluto silencio
de no saber quienes somos...
Te cobijo, murmuras mi nombre desde mi hombro,
puedo sentir tu tibia desnudez en este círculo
que palpita alrededor nuestro,
que comienza a caminar consumado en su traje animal,
y se va como un ladrón apretando muy dentro suyo
la ilusión de la última inocencia.
Al pálido reino de Selene me asomé
para ver el baile de las ánimas desde mi última gruta,
divagué a tus ojos claros tantas veces
que el paisaje devoró mi tiempo y me escupió inclinado.
Aunque al fin, percibiendo mi presencia, soltaste velos,
te alejaste de la ronda para verme
como un extraño caído de un futuro remoto,
muy cerca, hasta llenarlo todo con tu silueta.
Entonces quisiste tocarme,
pero tu mano se halló al reverso de la fuente de este jardín,
en que te encuentro ahora, muda,
parada bajo el claro de luna con un gesto de flor escarchada.
Pareces una virgen suave y triste,
llevando mi herida tras tu mirada solitaria,
y tus labios entreabiertos vienen,
mientras el vacío vibra entre nosotros como una caricia.
Nos abrazamos pasmados en el más absoluto silencio
de no saber quienes somos...
Te cobijo, murmuras mi nombre desde mi hombro,
puedo sentir tu tibia desnudez en este círculo
que palpita alrededor nuestro,
que comienza a caminar consumado en su traje animal,
y se va como un ladrón apretando muy dentro suyo
la ilusión de la última inocencia.
...A Pamela Frick
(derechos reservados)



