
Divagan en el sumbido de un antaño intuitivo de aquél memorable contacto de los iones físicos, que entrelazan deseadas, fugaces llamas que cobijaron lamentos inocuos, que a su vez, destilaron rumores fantasmales acrecentaron viles zaguanes conducentes a un inmerecible, aborrecible sendero de los cuales atraen sombras vestidas de ejecutores ante el sacrificio de esa velada consumida en alaridos de olores a encantos femeniles, cautivan, transpiran profundo de ese espectro vagabundo. No se pudo hallar ese líquido mágico, aliviase tanta ruptura, esas punzadas, accediendo a ese nefasto encuentro de la imágen hembra, ante la que siempre quiso acaparar, el gran ósculo de la existencia, así no perecer a tal banal pensamiento límpido que arrebata el más privado armazón, convertido en un indeleble pálpito vivo, y tales, recuerdos, yacen con aliento perspicaz, acudir a ese susurro particular, la razón. Cabalga a pasos, extensos, a inmensos brios, tan cual oportuno fuese ese apego de los seres, para fundirse en una espuma celeste, coser en ese magno manto turqueza, hasta lo eterno, y nunca hilachar episodios nebulosos, y por ende, decir, ¡te tengo!
©José López







