tanto como amo la música de Beethoven,
amo la tarde con el son de tu risa engastado,
pero te amo mas a ti, bella niña.
Te quiero, como venero los bosques,
en la manera que me seducen los lagos y los ríos,
con la ternura de ala de mariposa de un niño,
como a la noche con sus ojos pequeñitos
asomados al espacio-tiempo;
te amo mas que a mis recuerdos infantiles,
reminiscencias plenas de futuro,
Jesucristo y mi ángel de la guarda.
Tu presencia tiene el inasible misterio
que mi fascinación por Orión,
rezuma un arco iris de alegrías,
es mas querida que las auroras azules del invierno,
me conmueve tanto como la poesía de Victor Hugo....
Tu presencia conlleva miradas, roces fortuitos,
confesiones veladas, es abismo
que se disfraza de cercanía...
Te amo, y este Nilo sagrado de sentimientos,
hace germinar la espiga de sueños
en la heredad dialéctica de mi sino;
y porque te amo,
mi númen aspira a ser fragancia,
caricia de suspiros para tu alma.
Te amo con este retoño de amor
cuyas magníficas frondas aun no tienen nombre....
Adoro tu mirada de almendra,
umbral de tu galaxia sensitiva e insondable,
cuyo contorno delimita la melodia de tu nombre;
que amo tal como la musica de Beethoven.
Amo la noche que te lleva, desde los cuantos
de sus estrellas, hasta mis sueños,
y te quiero tanto que la noche se hace diminuta,
bella Karla Alejandra.





















