
Se van mis pasos hacia el infinito
de tus pensamientos, y allí,
se quedan en silencio. Mientras que tú,
ausente, los desechas fijando tu mirada
en otros universos.
Otros universos, otras dimensiones.
Donde el corazón que te abruma
se empecina en permanecer incauto,
y finca sus latidos en breves movimientos.
Se pierden mis ojos en el laberinto
de tus pestañas, casi ciegos
observan tu angustia, tu desatino.
Y sin poder hacer nada, se elevan
en plegaria, mientras una lágrima
rueda, cuesta abajo.
Quisieras abrazarme, contenerme
entre la piel de tus latidos.
Pero me esfumo, me pierdo, y
añorando mi regreso,
inclinas tu frente,
como si estuvieras muerto.
















