con ternura me abrazaste
y un beso, amor, me entregaste
con tu boquita divina
Ya se acostaba la luna
pues de sueño se moría,
y el mar se volvió laguna,
hasta amanecer el día.
Con tus cabellos, la brisa
se tornaba deliciosa
y luego fué tu sonrisa
que me entregaste amorosa.
Tus ojitos me miraban
como pidiendo mis besos
y tus labios me mostraban
el color de los cerezos.
Contenerte no pudiste,
y tampoco lo pude yo;
y aquel beso que me diste
en mi corazón se quedó.
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Mariano Bequer.
Maracaibo, 10/04/08











