
Estás tan instalado en mi karma
que no alcanza tu silencio a callarte,
que tus llaves cierran mi alma
y la palabra se alza arrogante
con el sútil guante de la mirada.
Eres tan pretexto innecesario,
tan labio rozándome las huellas,
tan quimera leccionando el diccinario
del sumario desglosado en mis poemas
que te quedas aunque ya hayas volado.
Sabes a motivo,habitáculo y a sueño,
a veneno circulando con mi sangre,
a estambre solvente y dueño
a raíz del fuego, a pan y a hambre
del enjambre que late en mi pecho.
Arbitras mis soledades de tí
y el latir adeudado con tu mañana,
comes la manzana que me quieres prohibir
y echas a huir con la guadaña
que degolla el alma de nuestro sentir.
Esencia









