de la vida y la alegría,
y entonando la canción
que llevamos en el alma
en el bello atardecer
saturado de eucaliptos,
me detuve de improviso
al pasar por una ermita.
En la entrada… margaritas,
en el fondo… los claveles
y el aroma de azahares
que refresca aquel paisaje.
Es hermosa aquella ermita
con la imagen muy sagrada
de una virgen enamorada
de la pureza bendita.
Su carita… bien rosada,
su mirada… de ternura,
y sus dos bellas manitas
unidas en oración.
Mientras se oye la canción
que llevamos en el alma,
me arrodillo con mucha calma
para entonar mi oración:
Virgencita Macarena,
Madre del Creador,
te pido que calmes mi pena,
me arrepiento de ser pecador.
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Mariano Bequer.
Maracaibo, 21/04/04











