sólo recuerdos de otros tiempos,
de los tiempos de la siega.
Ante la puerta,
una piedra cuadrada
a manera de banco.
Sobre el umbral de la puerta
las tejas rojizas
para evitar la lluvia,
y un angosto camino
(cuyo final es la esperanza),
adornado por sus lados
con retamas aún con flores.
A cien metros de la casa
y bajo un eucalipto añoso,
un puentecito de madera
que cruza a un riachuelo
por donde viajan las lágrimas
de aquel que por ella dió
toda su vida entera.
En la baranda del puente,
con la mirada al cielo,
un zorzal entona triste
su gorjeo singular
y en el corazón de un hombre
late rápido el amor
sencillo pero noble y puro
que siente por una mujer
que una tarde le entregó
en su mejilla un dulce beso:
El beso de su divino amor.
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Mariano Bequer
El Callao (Perú), 09/10/69
















