Lecturas de año nuevo
Publicado: Mar Ene 01, 2013 09:54
Lecturas de año nuevo y otros poemas
Ceno cualquier cosa junto a la clara ventana.
El cuarto tiene ya la oscuridad del cielo.
Al salir, las calles tranquilas conducen,
en pocos pasos, al campo abierto.
Cesare Pavese
No puedo disimular un gesto alegre.
Imagino aquellos años felices, cuando
juntos rodeábamos la mesa, y entre
charlas amenas, cenábamos.
Es fácil recordar lo que abría en los platillos.
Aprendí de mi padre a no quejarme,
y a comer con agrado lo que hubiese.
Los frijoles soltaban su aroma apetecible.
Mi padre fue un excelente cocinero.
El siempre prefería las tortillas tostadas.
¡Que hermosa se veía la oscurecida noche,
intentando caber por la ventana¡
Mis amado hermanos fueron ángeles,
para mi corazón su compañía bastó.
Mi padre un hermosisimo Lucero
que jamás ha perdido su esplendor.
Entre las brisas diarias y los tiempos monótonos
surgía la mirada nostálgica de mi madre,
esforzando su voz ante lo trágico
que rodeaba su existencia sufrida.
Ella no percibía, el hermoso latido
de la naturaleza, ni el ruido placentero de la dicha
que ágil pasa, para nunca jamás volver de nuevo.
- - - - - - -
Con la cara encremada y reluciente
salíamos de casa rumbo al río,
o atravesábamos los estanques de la vieja laguna,
para llegar a la hermosa mansión de la tía Rafailita.
Encontrar a los primos era satisfactorio.
Todos fueron amables y queridos, como ilustres recuerdos en la memoria escritos.
Eran delgados y risueños, y sabían de todo, y en su casa
jamás hubo miseria...
Nosotros fuimos pobres, pero había cariño en nuestra casa.
Un cariño que nace de lo alto. De los ojos de Dios, seguramente.
Mis hermanas jugaban con mis primas, yo con mi primo
Gil formaba guerras, en un cuarto repleto de maíz
vencíamos a todos los malignos.
Allí cargamos de amor nuestras conciencias,
en esa casa grande y placentera, de una familia
hermosa, que nos supo querer como ninguna.
Volvíamos de tarde, recorriendo la senda conocida,
y de lejos mirábamos la casa, nuestra querida casa hecha de piedra...
- - - - - - -
Los álamos gigantes agitaban sus hojas
y el esplendor nocturno tapizaba los cielo.
Desde la puerta gris, miraba las colinas
como sombríos mantos sobre el suelo,
y un pavor se arrullaba en mi memoria
al ver la oscura fosa del silencio,
hundida entre lo intenso de la noche.
Los aullidos llegaban coloreando
mi espíritu infantil, he imaginando
las tétricas figuras de los coyotes,
atraje su nostalgia y amé tanto
su escurridiza presencia, que jamás olvidé
sus quejidos, de soledad y hambre...
- - - - - - - -
En el mes de diciembre todo brilla,
hasta la oscura noche resplandece bajo los tibios ojos de las estrellas.
Amo diciembre y, amo sus festejos, porque traen de lo lejos las aromas mas tiernas.
Puedo sentir de cerca las imágenes.
Y todo ese placer de aquellos años, se mezcla en los diciembres venideros.
Tuve dichosos días en la infancia, pero las nochebuenas se tornaron fantásticas.
Para ser tan feliz, bastaba serlo. Graciosamente, jamás hubo dinero.
Un pequeño regalo, que aunque alegraba el alma, jamás valió lo mismo, que un gran beso...
Aprendí a valorar el cielo, en los ojos castaños del abuelo.
Aprendí a disfrutar los alimentos, sin importar lo escaso y lo sencillo.
Conocí en el dolor y la pobreza, los colores del gozo y la esperanza.
Y el amor emanaba de las flores que adornaban el patio de mi casa.
El amor emanaba de mi padre, igual que los sonidos de la noche, cuando expande su música celeste.
Mis hermanos tenían el alma luminosa, y sus cuerpos brillaban amorosos.
Mi madre... pobre madre, era gris, como las tardes bellas...
Jamás pudo sentir lo que sentimos, porque jamás sintió como nosotros...
Y en su interno jardín sembró Rosales, y amó con gran silencio las espinas,
y no cesó jamás de soltar lagrimas para regar sus rosas moribundas.
- - - - - - - -
van pasando los años como si nada fuesen
y me quitan el habla sin amar mi deseo
sin saber que me matan por el alma
y sin saber lo débil de mi presencia
no ven cuando los pájaros se desintegran
por las humildes lagrimas de polvo
menos verán mi corazón llorar
es que son insensibles a la vida
a los colores suaves de la hierba
y a la mirada triste de los pájaros
nacida de la cara de la sombra
yo los siento pegados a mi carne
deshilando mi aliento con su largo descenso
van trozando las imágenes amadas
y quitándome el sabor de los labios
para que yo me siga consumiendo
van pasando los años por mi cuerpo
atravesando el área de los besos
y secando los ánimos del alma
- - - - - - -
Las palabras son olas, son espadas, son besos.
Si el apacible amor de los colores
va seduciendo el alma, va pintando
¿que no hará tu querer en mi existencia?
Puedo ceñirme al tiempo, como el alba,
reposada y tranquila en su silencio.
Desde un lugar deshabitado, voy
meditando en los versos que me inspiras...
Patria mía, península amorosa,
corazón perfumado, blanca rosa.
Desde el fondo de mi, mi amor te mira,
como se mira el brillo de una estrella.
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germAN g
Ceno cualquier cosa junto a la clara ventana.
El cuarto tiene ya la oscuridad del cielo.
Al salir, las calles tranquilas conducen,
en pocos pasos, al campo abierto.
Cesare Pavese
No puedo disimular un gesto alegre.
Imagino aquellos años felices, cuando
juntos rodeábamos la mesa, y entre
charlas amenas, cenábamos.
Es fácil recordar lo que abría en los platillos.
Aprendí de mi padre a no quejarme,
y a comer con agrado lo que hubiese.
Los frijoles soltaban su aroma apetecible.
Mi padre fue un excelente cocinero.
El siempre prefería las tortillas tostadas.
¡Que hermosa se veía la oscurecida noche,
intentando caber por la ventana¡
Mis amado hermanos fueron ángeles,
para mi corazón su compañía bastó.
Mi padre un hermosisimo Lucero
que jamás ha perdido su esplendor.
Entre las brisas diarias y los tiempos monótonos
surgía la mirada nostálgica de mi madre,
esforzando su voz ante lo trágico
que rodeaba su existencia sufrida.
Ella no percibía, el hermoso latido
de la naturaleza, ni el ruido placentero de la dicha
que ágil pasa, para nunca jamás volver de nuevo.
- - - - - - -
Con la cara encremada y reluciente
salíamos de casa rumbo al río,
o atravesábamos los estanques de la vieja laguna,
para llegar a la hermosa mansión de la tía Rafailita.
Encontrar a los primos era satisfactorio.
Todos fueron amables y queridos, como ilustres recuerdos en la memoria escritos.
Eran delgados y risueños, y sabían de todo, y en su casa
jamás hubo miseria...
Nosotros fuimos pobres, pero había cariño en nuestra casa.
Un cariño que nace de lo alto. De los ojos de Dios, seguramente.
Mis hermanas jugaban con mis primas, yo con mi primo
Gil formaba guerras, en un cuarto repleto de maíz
vencíamos a todos los malignos.
Allí cargamos de amor nuestras conciencias,
en esa casa grande y placentera, de una familia
hermosa, que nos supo querer como ninguna.
Volvíamos de tarde, recorriendo la senda conocida,
y de lejos mirábamos la casa, nuestra querida casa hecha de piedra...
- - - - - - -
Los álamos gigantes agitaban sus hojas
y el esplendor nocturno tapizaba los cielo.
Desde la puerta gris, miraba las colinas
como sombríos mantos sobre el suelo,
y un pavor se arrullaba en mi memoria
al ver la oscura fosa del silencio,
hundida entre lo intenso de la noche.
Los aullidos llegaban coloreando
mi espíritu infantil, he imaginando
las tétricas figuras de los coyotes,
atraje su nostalgia y amé tanto
su escurridiza presencia, que jamás olvidé
sus quejidos, de soledad y hambre...
- - - - - - - -
En el mes de diciembre todo brilla,
hasta la oscura noche resplandece bajo los tibios ojos de las estrellas.
Amo diciembre y, amo sus festejos, porque traen de lo lejos las aromas mas tiernas.
Puedo sentir de cerca las imágenes.
Y todo ese placer de aquellos años, se mezcla en los diciembres venideros.
Tuve dichosos días en la infancia, pero las nochebuenas se tornaron fantásticas.
Para ser tan feliz, bastaba serlo. Graciosamente, jamás hubo dinero.
Un pequeño regalo, que aunque alegraba el alma, jamás valió lo mismo, que un gran beso...
Aprendí a valorar el cielo, en los ojos castaños del abuelo.
Aprendí a disfrutar los alimentos, sin importar lo escaso y lo sencillo.
Conocí en el dolor y la pobreza, los colores del gozo y la esperanza.
Y el amor emanaba de las flores que adornaban el patio de mi casa.
El amor emanaba de mi padre, igual que los sonidos de la noche, cuando expande su música celeste.
Mis hermanos tenían el alma luminosa, y sus cuerpos brillaban amorosos.
Mi madre... pobre madre, era gris, como las tardes bellas...
Jamás pudo sentir lo que sentimos, porque jamás sintió como nosotros...
Y en su interno jardín sembró Rosales, y amó con gran silencio las espinas,
y no cesó jamás de soltar lagrimas para regar sus rosas moribundas.
- - - - - - - -
van pasando los años como si nada fuesen
y me quitan el habla sin amar mi deseo
sin saber que me matan por el alma
y sin saber lo débil de mi presencia
no ven cuando los pájaros se desintegran
por las humildes lagrimas de polvo
menos verán mi corazón llorar
es que son insensibles a la vida
a los colores suaves de la hierba
y a la mirada triste de los pájaros
nacida de la cara de la sombra
yo los siento pegados a mi carne
deshilando mi aliento con su largo descenso
van trozando las imágenes amadas
y quitándome el sabor de los labios
para que yo me siga consumiendo
van pasando los años por mi cuerpo
atravesando el área de los besos
y secando los ánimos del alma
- - - - - - -
Las palabras son olas, son espadas, son besos.
Si el apacible amor de los colores
va seduciendo el alma, va pintando
¿que no hará tu querer en mi existencia?
Puedo ceñirme al tiempo, como el alba,
reposada y tranquila en su silencio.
Desde un lugar deshabitado, voy
meditando en los versos que me inspiras...
Patria mía, península amorosa,
corazón perfumado, blanca rosa.
Desde el fondo de mi, mi amor te mira,
como se mira el brillo de una estrella.
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germAN g
