HISTORIA DE UN MATRIMONIO
Publicado: Lun Dic 24, 2012 10:32
Historia de un matrimonio
Pensé que iba a mejorar el día que me casé,
pero vino a resultar contrario a lo que pensé,
sería el nunca acabar, si yo a contar me pusiera,
pues esto vine a encontrar en mí amada compañera.
Había suciedad sin tasa, que se tenía que sacar,
pues ya no cabía en mi casa, cuando se ponía a fregar.
Un día invité a comer a un amigo de la infancia
y lo que tuve que ver, recuerdo con repugnancia.
Allí afrentado quedé, no creáis que esto es chacota,
porque en el cocido hallé, algo... como una pelota,
no puedo ser más sincero, es cosa que me horroriza,
vi en el caldo del puchero ¡¡Su dentadura postiza!!
Mi amigo que al ver aquello, partió derecho cual vela,
agarré a mi esposa del cuello y le revolé la cazuela,
pero ella agarró una silla y me dio tal silletazo,
que me rompió una costilla y casi me arranca un brazo.
Con su perfume a cloaca, entró mi "querida suegra",
que se armó con una estaca, la cosa se puso negra,
pues me dieron tal matraca, entre estaca, mesa y sillas
que al igual que una carraca sonaban ya mis costillas.
Trifulca, bronca y jaleo, un lío fenomenal,
llegó en tal momento feo un guardia municipal
que también me vino a dar de palos media docena,
y a la cárcel me llevó, y para aliviar mi pena,
puso en la declaración "Que yo le pegué a la nena"
De estancia en el calabozo, un mes tuve que perder
y al salir, hubo alborozo, pues no encontré a mi mujer,
yo que aún estaba hecho cisco, y a juzgar por sus maneras
Pensé, ¡¡Se habrá enrolado en un circo para domar a las fieras!!
Autor: Pablo Avendaño Lara
Pensé que iba a mejorar el día que me casé,
pero vino a resultar contrario a lo que pensé,
sería el nunca acabar, si yo a contar me pusiera,
pues esto vine a encontrar en mí amada compañera.
Había suciedad sin tasa, que se tenía que sacar,
pues ya no cabía en mi casa, cuando se ponía a fregar.
Un día invité a comer a un amigo de la infancia
y lo que tuve que ver, recuerdo con repugnancia.
Allí afrentado quedé, no creáis que esto es chacota,
porque en el cocido hallé, algo... como una pelota,
no puedo ser más sincero, es cosa que me horroriza,
vi en el caldo del puchero ¡¡Su dentadura postiza!!
Mi amigo que al ver aquello, partió derecho cual vela,
agarré a mi esposa del cuello y le revolé la cazuela,
pero ella agarró una silla y me dio tal silletazo,
que me rompió una costilla y casi me arranca un brazo.
Con su perfume a cloaca, entró mi "querida suegra",
que se armó con una estaca, la cosa se puso negra,
pues me dieron tal matraca, entre estaca, mesa y sillas
que al igual que una carraca sonaban ya mis costillas.
Trifulca, bronca y jaleo, un lío fenomenal,
llegó en tal momento feo un guardia municipal
que también me vino a dar de palos media docena,
y a la cárcel me llevó, y para aliviar mi pena,
puso en la declaración "Que yo le pegué a la nena"
De estancia en el calabozo, un mes tuve que perder
y al salir, hubo alborozo, pues no encontré a mi mujer,
yo que aún estaba hecho cisco, y a juzgar por sus maneras
Pensé, ¡¡Se habrá enrolado en un circo para domar a las fieras!!
Autor: Pablo Avendaño Lara



