La historia
Publicado: Dom Sep 16, 2012 14:47
La historia
Vienen bajando por la abrupta cuesta,
los jinetes que vienen a la fiesta
Es la fiesta del ocho de diciembre,
y el pueblo se reúne ante su diosa,
como los griegos en el tiempo antiguo.
La señora del Zape, es una esfinge
que atreves de los años a hecho historia.
Se cuenta que reunidos en el templo
se encontraban los fieles una tarde,
celebrando la misa en su onomástico
cuando de pronto el gozo se volvió
lamento; niños, jóvenes y ancianos,
cayeron abatidos por las flechas
que cruzaban en todas direcciones.
La sangre salpico el altar mayor,
y los gemidos de dolor y espanto
retumbaban en el recinto antiguo,
Frenéticos los indios tepehuanes,
no cesaron hasta Saciar su ira,
dirigida contra los españoles,
y los devotos fieles que adoraban.
Yacían sobre el piso, ensimismados,
de bruces, recostados en las bancas,
y otros en posiciones mas horrendas.
Había desmembrados por las hachas.
Como si hubiesen sido castigados
por la mano terrible de algún Dios,
Solo pudo escapar escapar de la masacre
un joven que se oculto en el altar.
y cual gacela huyendo de su presa
fue a la guardia española mas cercana
a informar sobre aquel triste infortunio.
Al llegar, horrorizados quedaron,
al ver las manchas rojas de la sangre,
tiñendo el piso y las paredes blancas.
Auxiliaron alguno que otro herido,
y en busca de los asesinos fueron,
Llego la noche, y todo estaba triste,
hasta el lejano aullido del coyote
parecía gemir en la Montaña.
Los que no habían ido a la reunión,
lloraban y enterraban a sus muertos,
pues temían de nuevo a otra celada.
Angustiados estaban por su suerte,
la estatua de su virgen ya no estaba,
y dolidos gemían a gran voz.
La noticia llegó al amanecer,
los culpables habían sido muertos,
y la estatua encontrada en un gran pozo,
aplastada con rocas y maderos.
Un hachazo le dieron en la frente,
quedando Remarcada para siempre.
-<>-<>-<>-<>-<>-<>-<>-<>-<>-<>-<>-<>
El Zape
Muy cerca de mi pueblo, hay otros pueblos.
Y aun lado pasa el río, manso y tierno
como un hermano generoso y noble.
A su costado luce un viejo cerro,
siempre con su mirada bondadosa
contando del pasado sus historias..
Los españoles nos dejaron cruces,
quitando dioses, y poniendo imágenes
con el amor agudo de la espada.
El ZAPE luce alegre los colores
que van las estaciones decorando.
En primavera esta de flores lleno,
y por el campo la olorosa hierba
agiganta los sueños de armonía
que vagan por sus plácidos caminos
Abejas, mariposas, chapulines.
Todos van encontrando su delicia;
así como los hombres, frutos,
que les ofrece el campo esplendoroso.
Todo el hermoso entorno va cambiando
cuando el verano empieza a colorearse
con las húmedas ráfagas del viento
que arrojan en sus días los chubascos.
Otoño se esclarece y va pintando
su amarillento y placido destello
hasta quedarse dentro de las hojas
que el aire paseará por todo el pueblo.
Luego aparece gris melancolía
girando en el invierno triste y mudo,
pero con su mirada tan vehemente,
que resulta agradable su presencia.
Así pasé mis fabulosos días
disfrutando del cielo y de la tierra,
tupidos con aromas placenteras
que mi querido pueblo prodigara.
Bella y feliz ifancia allí gocé.
Adiós pueblito mío, no te olvido
lo sabes tu muy bien, yo te lo dije,
en cada amanecer, en cada día,
que amoroso ofrecías tus veredas
a la mirada pura de mis ojos.
Adiós pueblito mío... no me olvides.
german g
Vienen bajando por la abrupta cuesta,
los jinetes que vienen a la fiesta
Es la fiesta del ocho de diciembre,
y el pueblo se reúne ante su diosa,
como los griegos en el tiempo antiguo.
La señora del Zape, es una esfinge
que atreves de los años a hecho historia.
Se cuenta que reunidos en el templo
se encontraban los fieles una tarde,
celebrando la misa en su onomástico
cuando de pronto el gozo se volvió
lamento; niños, jóvenes y ancianos,
cayeron abatidos por las flechas
que cruzaban en todas direcciones.
La sangre salpico el altar mayor,
y los gemidos de dolor y espanto
retumbaban en el recinto antiguo,
Frenéticos los indios tepehuanes,
no cesaron hasta Saciar su ira,
dirigida contra los españoles,
y los devotos fieles que adoraban.
Yacían sobre el piso, ensimismados,
de bruces, recostados en las bancas,
y otros en posiciones mas horrendas.
Había desmembrados por las hachas.
Como si hubiesen sido castigados
por la mano terrible de algún Dios,
Solo pudo escapar escapar de la masacre
un joven que se oculto en el altar.
y cual gacela huyendo de su presa
fue a la guardia española mas cercana
a informar sobre aquel triste infortunio.
Al llegar, horrorizados quedaron,
al ver las manchas rojas de la sangre,
tiñendo el piso y las paredes blancas.
Auxiliaron alguno que otro herido,
y en busca de los asesinos fueron,
Llego la noche, y todo estaba triste,
hasta el lejano aullido del coyote
parecía gemir en la Montaña.
Los que no habían ido a la reunión,
lloraban y enterraban a sus muertos,
pues temían de nuevo a otra celada.
Angustiados estaban por su suerte,
la estatua de su virgen ya no estaba,
y dolidos gemían a gran voz.
La noticia llegó al amanecer,
los culpables habían sido muertos,
y la estatua encontrada en un gran pozo,
aplastada con rocas y maderos.
Un hachazo le dieron en la frente,
quedando Remarcada para siempre.
-<>-<>-<>-<>-<>-<>-<>-<>-<>-<>-<>-<>
El Zape
Muy cerca de mi pueblo, hay otros pueblos.
Y aun lado pasa el río, manso y tierno
como un hermano generoso y noble.
A su costado luce un viejo cerro,
siempre con su mirada bondadosa
contando del pasado sus historias..
Los españoles nos dejaron cruces,
quitando dioses, y poniendo imágenes
con el amor agudo de la espada.
El ZAPE luce alegre los colores
que van las estaciones decorando.
En primavera esta de flores lleno,
y por el campo la olorosa hierba
agiganta los sueños de armonía
que vagan por sus plácidos caminos
Abejas, mariposas, chapulines.
Todos van encontrando su delicia;
así como los hombres, frutos,
que les ofrece el campo esplendoroso.
Todo el hermoso entorno va cambiando
cuando el verano empieza a colorearse
con las húmedas ráfagas del viento
que arrojan en sus días los chubascos.
Otoño se esclarece y va pintando
su amarillento y placido destello
hasta quedarse dentro de las hojas
que el aire paseará por todo el pueblo.
Luego aparece gris melancolía
girando en el invierno triste y mudo,
pero con su mirada tan vehemente,
que resulta agradable su presencia.
Así pasé mis fabulosos días
disfrutando del cielo y de la tierra,
tupidos con aromas placenteras
que mi querido pueblo prodigara.
Bella y feliz ifancia allí gocé.
Adiós pueblito mío, no te olvido
lo sabes tu muy bien, yo te lo dije,
en cada amanecer, en cada día,
que amoroso ofrecías tus veredas
a la mirada pura de mis ojos.
Adiós pueblito mío... no me olvides.
german g


