[SI YA ME LO DECÍA MI VIEJO]
Publicado: Mar May 22, 2012 04:32
Si ya me lo decía mi viejo:
"Cuando seas padre, comerás huevos".
Me decía esto
cuando volvía del colegio.
Nunca abandona mis recuerdos;
cada vez que lo pienso,
lo veo:
"Hijo, haz esto,
hijo haz aquello".
Sin embargo, yo era un cateto.
Llegaba de la escuela con todo ceros,
y me decía mi viejo:
"Cuando seas padre, comerás huevos".
Por entonces yo tenía muy poco seso
y seguía entre las nubes, en el cielo.
No estudiaba, y me escaqueaba en el recreo.
Llegaba julio y el veraneo
y mientras mi familia estaba en el velero,
yo estaba castigado rellenando cuadernos.
Pero no aprendía ni con eso;
sólo pensaba en hacer el tonto y estar por ahí de paseo.
Todo menos ejercitar el cerebro.
Pasaban los años y el tiempo
y no ponía todo mi empeño.
Entonces me decía mi viejo:
"Cuando seas padre, comerás huevos".
Ahora ya soy un hombre, o eso creo,
y tengo un empleo,
pero no el que yo quiero,
porque de niño fui un gamberro
y no ejercité el intelecto.
Tengo un hijo pequeño,
que encima ha salido travieso.
Cuando viene del colegio,
con un cero,
le voy a decir algo, pero me lo pienso.
No quiero que llegado el momento
me recuerde y le diga a su hijo, mi nieto:
Si ya me lo decía mi viejo:
"Cuando seas padre, comerás huevos".
"Cuando seas padre, comerás huevos".
Me decía esto
cuando volvía del colegio.
Nunca abandona mis recuerdos;
cada vez que lo pienso,
lo veo:
"Hijo, haz esto,
hijo haz aquello".
Sin embargo, yo era un cateto.
Llegaba de la escuela con todo ceros,
y me decía mi viejo:
"Cuando seas padre, comerás huevos".
Por entonces yo tenía muy poco seso
y seguía entre las nubes, en el cielo.
No estudiaba, y me escaqueaba en el recreo.
Llegaba julio y el veraneo
y mientras mi familia estaba en el velero,
yo estaba castigado rellenando cuadernos.
Pero no aprendía ni con eso;
sólo pensaba en hacer el tonto y estar por ahí de paseo.
Todo menos ejercitar el cerebro.
Pasaban los años y el tiempo
y no ponía todo mi empeño.
Entonces me decía mi viejo:
"Cuando seas padre, comerás huevos".
Ahora ya soy un hombre, o eso creo,
y tengo un empleo,
pero no el que yo quiero,
porque de niño fui un gamberro
y no ejercité el intelecto.
Tengo un hijo pequeño,
que encima ha salido travieso.
Cuando viene del colegio,
con un cero,
le voy a decir algo, pero me lo pienso.
No quiero que llegado el momento
me recuerde y le diga a su hijo, mi nieto:
Si ya me lo decía mi viejo:
"Cuando seas padre, comerás huevos".

