Otra noche mas de frío y de miseria...
Publicado: Sab Ene 28, 2012 19:57
Otra noche mas de frío y de miseria
dibuja su rostro de rasgos femeninos:
sus dos ojos oscuros, luces de la casa;
sobre los labios rojos de las calles, pintadas
por los reflejos de los automóviles, danzan
sus cabellos de papel y de terciopelo, que vuelan
libres, llevados por gases de miasmas
atroces, los dorados flecos que me desnudan
y me arropan. “Gracias madre Noche” Tanatos dice.
Todos somos un lugar; todos somos un pozo:
en el suelo, en el cielo, en la roca,
en el cuerpo. Jazmines rosas sobre almohadas
azules son adornos que placen al vago.
Y mi amante solo espera el corpóreo pago:
deberé cortar los rayos de luces olvidadas
por algún amanecer; rendirle culto, poca
cosa, al cuerpo solar; también a este trozo
de papel que, cortando mi cerebro, maldice
las hojas que mis sueños dejan caer, denudas,
sobre las olvidadas calles de la gran Roma.
Desearía el tiempo ver, cuando esta solaz
estatua era Dios; pero ahora cazan
los dioses la imagen intifalica. Nada
son los gélidos techos de edificios, cosa
sensual cual luciérnaga en campos vespertinos,
para tu cuerpo, Diosa del deseo imperial.
dibuja su rostro de rasgos femeninos:
sus dos ojos oscuros, luces de la casa;
sobre los labios rojos de las calles, pintadas
por los reflejos de los automóviles, danzan
sus cabellos de papel y de terciopelo, que vuelan
libres, llevados por gases de miasmas
atroces, los dorados flecos que me desnudan
y me arropan. “Gracias madre Noche” Tanatos dice.
Todos somos un lugar; todos somos un pozo:
en el suelo, en el cielo, en la roca,
en el cuerpo. Jazmines rosas sobre almohadas
azules son adornos que placen al vago.
Y mi amante solo espera el corpóreo pago:
deberé cortar los rayos de luces olvidadas
por algún amanecer; rendirle culto, poca
cosa, al cuerpo solar; también a este trozo
de papel que, cortando mi cerebro, maldice
las hojas que mis sueños dejan caer, denudas,
sobre las olvidadas calles de la gran Roma.
Desearía el tiempo ver, cuando esta solaz
estatua era Dios; pero ahora cazan
los dioses la imagen intifalica. Nada
son los gélidos techos de edificios, cosa
sensual cual luciérnaga en campos vespertinos,
para tu cuerpo, Diosa del deseo imperial.


