Los recuerdos jamás...
Publicado: Jue Ene 19, 2012 16:55
Los recuerdos jamás se muestran como fueron
se van convirtiendo en ceniza del tiempo,
luz de la distancia transmutada en otro cielo,
atardecer sin sol, incendio de hielo;
pasos rezagados de una sombra,
cuervos llamando a la puerta,
el cadáver de Leonora.
Sus ecos sobreviven velando silencios,
revientan las uñas arañando el retorno,
deseando un guiño, la luna,
la piel de la musa amante.
Son la ruptura del tiempo
que cicatriza a cada instante,
Todo lo que me rodea, ojos, penumbras
seres, libros, heridas , teclados, plumas
la noche y su honda mirada fulminante.
Nado, respiro y muero entre recuerdos.
El presente son lágrimas, mi sangre, la saliva,
el parpadeo, un suspiro, el golpe
lo demás… es una mar inmaterial.
Ellos viven después de extintos,
cadáveres de presentes,
sangre tibia del alba,
la caricia que nos ilumina el alma
mudo palpitar de nuestros vivos y muertos.
Son de hueso y tienen carne,
algunos nos persiguen mucho antes de nacer,
errantes aromas buscando su flor,
finas ruinas, tumba abierta del amor.
Son del viento y como el viento
purifican o nos llenan de polvo.
piedras de sol, ritual universal a la orilla
del río turbio de la memoria.
Los recuerdos son como la poesía
una vez escrita se reinventa
con la hiriente pisada de los días.
Suspirante droga, grises ojos,
mirada casi extinta del adicto melancólico.
Exquisitos lucen en la ardiente sonrisa
del compañero eterno libertino
quien los viste de rojo y atados los lleva
por el seductor fuego de sus ojos.
Para volverte loco
gustan de las lunas y el vino
¡Alto! Algo importante
como la tempestad nunca llegan solos
parecen habitar en los poros de Dios
pues con casi nada suelen arrasar con todo.
Son tan infinitos los horizontes de un recuerdo
tan voraz su atardecer y pretérito viento
que, una vez arrullados, resulta imposible
despertar a la realidad enteros.
Ante el recuerdo sólo la Nada nada pierde
cada día la siento más plena, más clara ¡remanso inmortal!
por siempre dando de beber a esta sed sin fin.
Y me entrego a su esplendor recostado en mi interior
la frontera entre vida y muerte es un destello así.
Hay un cristal que de todo esto nos separa,
un cristalino como aquel que en la distancia
las nereidas asientan para separar al cielo del mar.
¿Qué es el presente? ¿Acaso existió?
Al morir… los recuerdos… ¿a dónde van?
¡Son y serán la noria de instantes muertos
cuyos áureos labios eternizan el ahora!
Fantasmas murmurando en la antesala del presente,
bálsamo de flores ante el cielo incendiado de pesares,
cruces bien sembradas en la espalda de los días,
quimeras bravías, sueños vivos… los recuerdos.
Iván Ortega
se van convirtiendo en ceniza del tiempo,
luz de la distancia transmutada en otro cielo,
atardecer sin sol, incendio de hielo;
pasos rezagados de una sombra,
cuervos llamando a la puerta,
el cadáver de Leonora.
Sus ecos sobreviven velando silencios,
revientan las uñas arañando el retorno,
deseando un guiño, la luna,
la piel de la musa amante.
Son la ruptura del tiempo
que cicatriza a cada instante,
Todo lo que me rodea, ojos, penumbras
seres, libros, heridas , teclados, plumas
la noche y su honda mirada fulminante.
Nado, respiro y muero entre recuerdos.
El presente son lágrimas, mi sangre, la saliva,
el parpadeo, un suspiro, el golpe
lo demás… es una mar inmaterial.
Ellos viven después de extintos,
cadáveres de presentes,
sangre tibia del alba,
la caricia que nos ilumina el alma
mudo palpitar de nuestros vivos y muertos.
Son de hueso y tienen carne,
algunos nos persiguen mucho antes de nacer,
errantes aromas buscando su flor,
finas ruinas, tumba abierta del amor.
Son del viento y como el viento
purifican o nos llenan de polvo.
piedras de sol, ritual universal a la orilla
del río turbio de la memoria.
Los recuerdos son como la poesía
una vez escrita se reinventa
con la hiriente pisada de los días.
Suspirante droga, grises ojos,
mirada casi extinta del adicto melancólico.
Exquisitos lucen en la ardiente sonrisa
del compañero eterno libertino
quien los viste de rojo y atados los lleva
por el seductor fuego de sus ojos.
Para volverte loco
gustan de las lunas y el vino
¡Alto! Algo importante
como la tempestad nunca llegan solos
parecen habitar en los poros de Dios
pues con casi nada suelen arrasar con todo.
Son tan infinitos los horizontes de un recuerdo
tan voraz su atardecer y pretérito viento
que, una vez arrullados, resulta imposible
despertar a la realidad enteros.
Ante el recuerdo sólo la Nada nada pierde
cada día la siento más plena, más clara ¡remanso inmortal!
por siempre dando de beber a esta sed sin fin.
Y me entrego a su esplendor recostado en mi interior
la frontera entre vida y muerte es un destello así.
Hay un cristal que de todo esto nos separa,
un cristalino como aquel que en la distancia
las nereidas asientan para separar al cielo del mar.
¿Qué es el presente? ¿Acaso existió?
Al morir… los recuerdos… ¿a dónde van?
¡Son y serán la noria de instantes muertos
cuyos áureos labios eternizan el ahora!
Fantasmas murmurando en la antesala del presente,
bálsamo de flores ante el cielo incendiado de pesares,
cruces bien sembradas en la espalda de los días,
quimeras bravías, sueños vivos… los recuerdos.
Iván Ortega





