LA OSCURIDAD MÁS PROFUNDA
Publicado: Mié Ene 11, 2012 12:29
En la oscuridad más profunda
se encuentra mi mente.
Hacia todas las direcciones
el color azul
se confune con el negro.
Miro en derredor
y no veo paredes,
techo o suelo,
aunque en el cielo el azul
se mancha con blanco
y parece verde.
Siento cómo mi cordura
enloquece.
Mi sangre ingrávida
cual filamentos de un fino cementerio.
Mi única existencia terrenal
se muere
porque mi mar está aquí cerca
y yo estoy tan lejos…
Un fantasma levitando
camina por la arena
de frente,
un sepulcro duerme desnudo
sobre un andamio pétreo,
un jardín de madreselvas
en silvestres posidonias
se oscurecen
y un lóbrego firmamento de colores
pierde su longitud
y pierde su onda
deslizándose pálido
al blanco y al negro.
Y yo, que nunca sé
si estoy vivo o estoy muerto;
si mi cabeza está sana
o soy un loco o un niño
que agoniza desconsoladamente,
me despido con letras frescas
cada vez que los pinceles
me acarician
desde la rica paleta rugosa
del pintor del océano
cerrando los ojos
con una pausa intrigante
y acechadora
desconociendo en qué lugar,
en qué dimensión o
en qué momento
volveré a mi azul
(que no es azul infinito),
sino el azul de un mar que llora,
como ese niño aterrado
y perdido, desconsoladamente.
www.mipoesia.net
se encuentra mi mente.
Hacia todas las direcciones
el color azul
se confune con el negro.
Miro en derredor
y no veo paredes,
techo o suelo,
aunque en el cielo el azul
se mancha con blanco
y parece verde.
Siento cómo mi cordura
enloquece.
Mi sangre ingrávida
cual filamentos de un fino cementerio.
Mi única existencia terrenal
se muere
porque mi mar está aquí cerca
y yo estoy tan lejos…
Un fantasma levitando
camina por la arena
de frente,
un sepulcro duerme desnudo
sobre un andamio pétreo,
un jardín de madreselvas
en silvestres posidonias
se oscurecen
y un lóbrego firmamento de colores
pierde su longitud
y pierde su onda
deslizándose pálido
al blanco y al negro.
Y yo, que nunca sé
si estoy vivo o estoy muerto;
si mi cabeza está sana
o soy un loco o un niño
que agoniza desconsoladamente,
me despido con letras frescas
cada vez que los pinceles
me acarician
desde la rica paleta rugosa
del pintor del océano
cerrando los ojos
con una pausa intrigante
y acechadora
desconociendo en qué lugar,
en qué dimensión o
en qué momento
volveré a mi azul
(que no es azul infinito),
sino el azul de un mar que llora,
como ese niño aterrado
y perdido, desconsoladamente.
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