La hora bruja
Publicado: Vie Nov 25, 2011 02:56
La noche está abierta como un golfo
entregado a las aguas, cual ojos anonadados,
mi noche es un caudal de imágenes
que se escurren en agujeros negros
de mi pequeño, ruín(lo acepto), universo,
hay horas preventinas que sirven para dar miedo,
pero llega siempre la hora fatal,
cuando los cuervos revolotean en la cabeza
como si ésta fuera un bóveda encristalada,
es entonces cuando temes perderte,
la ciudad desnuda aguarda,
pero tus pasos solo caminan hacia adentro.
La hora bruja te rodea con música coral,
te persigue con obras sinfónicas dementes
y acaba por cazarte con la sonata más grave de Bach.
Lloras tendida en sus manos, te araña para que vivas,
un violín estremece la piel, un chelo rompe el alma en dos.
La hora bruja te trae todo lo tuyo que olvidar
pretendiste el resto de las horas: Admirada
y temerosa te reconoces de un modo absoluto
cuando la ventisca raspa las cornisas de los tejados
y la oscuridad, poderosa, se multiplica
en varias capas de denso, húmedo dolor.
Eres de este mundo, carne del cuerpo que se arrastra
sin senda marcada, por instinto, en un universo
falaz y tramposo: Y te gusta estar aquí,
aunque no sabes por qué. Hay un espejo,
hay un rostro, una figura... No sé que más hay.
entregado a las aguas, cual ojos anonadados,
mi noche es un caudal de imágenes
que se escurren en agujeros negros
de mi pequeño, ruín(lo acepto), universo,
hay horas preventinas que sirven para dar miedo,
pero llega siempre la hora fatal,
cuando los cuervos revolotean en la cabeza
como si ésta fuera un bóveda encristalada,
es entonces cuando temes perderte,
la ciudad desnuda aguarda,
pero tus pasos solo caminan hacia adentro.
La hora bruja te rodea con música coral,
te persigue con obras sinfónicas dementes
y acaba por cazarte con la sonata más grave de Bach.
Lloras tendida en sus manos, te araña para que vivas,
un violín estremece la piel, un chelo rompe el alma en dos.
La hora bruja te trae todo lo tuyo que olvidar
pretendiste el resto de las horas: Admirada
y temerosa te reconoces de un modo absoluto
cuando la ventisca raspa las cornisas de los tejados
y la oscuridad, poderosa, se multiplica
en varias capas de denso, húmedo dolor.
Eres de este mundo, carne del cuerpo que se arrastra
sin senda marcada, por instinto, en un universo
falaz y tramposo: Y te gusta estar aquí,
aunque no sabes por qué. Hay un espejo,
hay un rostro, una figura... No sé que más hay.
