M I P U E B L I T O
Publicado: Vie Ago 19, 2011 13:53
Amanece en mi pueblo, el gallo canta
anunciando alegre el nuevo
y entusiasta la gente se levanta
reflejando en su rostro la alegría.
Mientras al este... allá en la lejanía
sobre el borde que recorta la montaña.
la luz del sol con serpentinas baña
el valle lindo de la tierra mía.
¡Qué acogedor se mira mi pueblito
bajo el agreste pie de alto monte,
da la impresión de un nidal pequeñito
donde arrullada el ave su crío esconde.
Hacia el fondo, en la tierra de ejido
donde verdes crecen los arrozales,
hay un paisaje de hermoso colorido
armonizando con los cañaverales.
Ya se apresta el cumplido campesino
a manejar los utensilios de labranza,
y se pone al instante en el camino
para sembrar el surco, ¡Su esperanza!
Mas allá del nutrido caserío
disfrazado bajo áboles y juncos,
cantando pasa muy sonrriente el río
rodeando al pueblo, mi bello Apipilulco.
Entre el murmullo de cánticos silvestres
se oye un silbato por todos conocido,
es el tren que rodando entre durmintes
anuncia puntual su diario recorrido.
Mucha gente hay que a la estación acude
por ver al ferrocarril siempre oportuno;
el viajero se apresta, unos bajan otros suben
y el tren se sigue lanzando chorros de humo.
Bajo un árbol rumiando el buey descanza,
mientras el humo que ondulante sube
va formando el contorno de una nube,
que borrará mientra el aire avanza.
El sol alcanza el cenit y cuando se inclina
hace sentir el fuego entre las venas,
el calor es sofocante, ¡como lastima!
y allá sobre del monte, algo se quema.
Cuando termina la tarde tormentosa
y razga al horizonte el sol poniente,
viene la nota mas bella, mas hermosa,
es el crepúsculo que llega muy sonrriente.
La noche viste de elegantes galas
adornada con luceros y las estrellas;
la luna, es el ave que al lucir sus alas
todas las cosas las convierte bellas.
¡Qué acogedor se mira mi pueblito
bajo el agreste pie de la montaña,
da la impresión de un nido pequeñito
¡donde nací una vez... y regresaré mañana!
anunciando alegre el nuevo
y entusiasta la gente se levanta
reflejando en su rostro la alegría.
Mientras al este... allá en la lejanía
sobre el borde que recorta la montaña.
la luz del sol con serpentinas baña
el valle lindo de la tierra mía.
¡Qué acogedor se mira mi pueblito
bajo el agreste pie de alto monte,
da la impresión de un nidal pequeñito
donde arrullada el ave su crío esconde.
Hacia el fondo, en la tierra de ejido
donde verdes crecen los arrozales,
hay un paisaje de hermoso colorido
armonizando con los cañaverales.
Ya se apresta el cumplido campesino
a manejar los utensilios de labranza,
y se pone al instante en el camino
para sembrar el surco, ¡Su esperanza!
Mas allá del nutrido caserío
disfrazado bajo áboles y juncos,
cantando pasa muy sonrriente el río
rodeando al pueblo, mi bello Apipilulco.
Entre el murmullo de cánticos silvestres
se oye un silbato por todos conocido,
es el tren que rodando entre durmintes
anuncia puntual su diario recorrido.
Mucha gente hay que a la estación acude
por ver al ferrocarril siempre oportuno;
el viajero se apresta, unos bajan otros suben
y el tren se sigue lanzando chorros de humo.
Bajo un árbol rumiando el buey descanza,
mientras el humo que ondulante sube
va formando el contorno de una nube,
que borrará mientra el aire avanza.
El sol alcanza el cenit y cuando se inclina
hace sentir el fuego entre las venas,
el calor es sofocante, ¡como lastima!
y allá sobre del monte, algo se quema.
Cuando termina la tarde tormentosa
y razga al horizonte el sol poniente,
viene la nota mas bella, mas hermosa,
es el crepúsculo que llega muy sonrriente.
La noche viste de elegantes galas
adornada con luceros y las estrellas;
la luna, es el ave que al lucir sus alas
todas las cosas las convierte bellas.
¡Qué acogedor se mira mi pueblito
bajo el agreste pie de la montaña,
da la impresión de un nido pequeñito
¡donde nací una vez... y regresaré mañana!


