El cielo de la poesía
Publicado: Lun Feb 14, 2011 14:55
Detener la indolente brisa del tiempo,
lo inamovible tornarlo mutable,
de un parpadeo dejar las nubes quietas,
a las deidades desnudas y hambrientas;
incendiar de un verso todas las formas,
sombrear con cenizas la salvaje orilla del sol
para saborearme a milagros la noche;
copular, beber, escribir a sangre y lágrimas
hasta sonreír auroras.
El cielo de la poesía exige un sacrificio:
dividir el alma, vulnerar el corazón,
ofrendar al horizonte pedazos de razón.
Vale la pena, a cambio entrega todo su infinito
en la fragancia de una "simple" mirada.
Abismos, cavernas de mudas voces
que al exiliado responden...
y los símbolos sin más se muestran
en crepúsculos de perennidad.
Los verdaderos ojos son invisibles
como la musa que deambula y llena
de la vía láctea sus negras venas.
De un suspiro se inmortaliza lo mortal,
pueden derrumbarse estrellas,
rodar la luna llena hasta llevarla al mar.
El amor a lo material pudre lo imperecedero,
logra encadenar y crear ciegos
"Todo lo que ves... tan sólo es lo que es…"
Por fin te escribo al otro lado del abismo
desde un mundo aparte, donde mar
es una lágrima, nuestro querido bar,
y el ojo de la hormiga, eternidad.
Me desprendo del silencio
vuelvo a tender puentes
con mis versos por su cielo,
saetas engarzando vacíos;
con los nervios de su sombra
-hilos puros e infinitos-
lo inexistente se hace presente.
Con las manos voy quebrando lagos
de agua, amor, polvo y odio;
por entre las piernas de la nada
estremezco los vientres del dolor,
desde el infierno a cuernos de mil lunas,
para hablar de frente… ¡con tus alas!
Iván Ortega
lo inamovible tornarlo mutable,
de un parpadeo dejar las nubes quietas,
a las deidades desnudas y hambrientas;
incendiar de un verso todas las formas,
sombrear con cenizas la salvaje orilla del sol
para saborearme a milagros la noche;
copular, beber, escribir a sangre y lágrimas
hasta sonreír auroras.
El cielo de la poesía exige un sacrificio:
dividir el alma, vulnerar el corazón,
ofrendar al horizonte pedazos de razón.
Vale la pena, a cambio entrega todo su infinito
en la fragancia de una "simple" mirada.
Abismos, cavernas de mudas voces
que al exiliado responden...
y los símbolos sin más se muestran
en crepúsculos de perennidad.
Los verdaderos ojos son invisibles
como la musa que deambula y llena
de la vía láctea sus negras venas.
De un suspiro se inmortaliza lo mortal,
pueden derrumbarse estrellas,
rodar la luna llena hasta llevarla al mar.
El amor a lo material pudre lo imperecedero,
logra encadenar y crear ciegos
"Todo lo que ves... tan sólo es lo que es…"
Por fin te escribo al otro lado del abismo
desde un mundo aparte, donde mar
es una lágrima, nuestro querido bar,
y el ojo de la hormiga, eternidad.
Me desprendo del silencio
vuelvo a tender puentes
con mis versos por su cielo,
saetas engarzando vacíos;
con los nervios de su sombra
-hilos puros e infinitos-
lo inexistente se hace presente.
Con las manos voy quebrando lagos
de agua, amor, polvo y odio;
por entre las piernas de la nada
estremezco los vientres del dolor,
desde el infierno a cuernos de mil lunas,
para hablar de frente… ¡con tus alas!
Iván Ortega





