CAÑAVERAL.
Publicado: Dom Nov 28, 2010 13:35
CAÑAVERAL.
Entre el dulce néctar de la caña
y la apetecida miel de tus labios,
esos suspiros que el placer entraña,
contrasta con el perfume de tus nardos.
Postrados en glauco lecho bajo el cielo,
entre cada caricia ofrendamos anhelos,
ronda el amor en este agreste momento,
sublimizando en cada beso el sentimiento.
Mece el viento cada hoja de la arboleda
y acaricia suave tu cabellera extendida,
mis besos a la textura de tu piel de seda,
proveen placer a tu alma estremecida.
Mágica pradera de robustos cañaverales,
se mecen cuál caderas de elegante dama,
así de candentes tus formas angelicales,
cimbran al tacto de mis manos que las ama.
Junto a nuestro nido el polvoriento sendero,
se extiende mustio cómo recelosa serpiente,
el murmullo del arroyo que desliza rastrero
se asemeja a mis labios besando tu vientre.
Todo es quietud en este sensual parnaso,
viviendo la quietud del deseo consumado,
sublime instante que fue breve en su paso,
pero en nuestros corazones fue eternizado.
Autor: Víctor A. Arana,
(VICTOR SANTA ROSA),
Cincinnati, Noviembre 27 del 2010.
Entre el dulce néctar de la caña
y la apetecida miel de tus labios,
esos suspiros que el placer entraña,
contrasta con el perfume de tus nardos.
Postrados en glauco lecho bajo el cielo,
entre cada caricia ofrendamos anhelos,
ronda el amor en este agreste momento,
sublimizando en cada beso el sentimiento.
Mece el viento cada hoja de la arboleda
y acaricia suave tu cabellera extendida,
mis besos a la textura de tu piel de seda,
proveen placer a tu alma estremecida.
Mágica pradera de robustos cañaverales,
se mecen cuál caderas de elegante dama,
así de candentes tus formas angelicales,
cimbran al tacto de mis manos que las ama.
Junto a nuestro nido el polvoriento sendero,
se extiende mustio cómo recelosa serpiente,
el murmullo del arroyo que desliza rastrero
se asemeja a mis labios besando tu vientre.
Todo es quietud en este sensual parnaso,
viviendo la quietud del deseo consumado,
sublime instante que fue breve en su paso,
pero en nuestros corazones fue eternizado.
Autor: Víctor A. Arana,
(VICTOR SANTA ROSA),
Cincinnati, Noviembre 27 del 2010.

