Dulzor.
Publicado: Mar Nov 02, 2010 10:32
Hoy he tomado las maletas. Ya no puedo más, pero el corazón no llega a comprenderlo.
Masoquista, mi alma no quiere dejar de tenerte. Ha llorado al marcharme de ti.
Y las lagrimas pesan como mil te quieros cargados de labial. Pasión carmesí, nº8.
Tomé la parte que construí de aquel amor, y nada fue tan triste como verla sin la tuya.
Tristes son mis maletas, aparcadas en el portal. Desolador es verlas allí.
Es como ver caer mil bombas sobre Paris. Como oir el sollozo de los ángeles.
Y yo no sé que haré. ¿Como voy a hacerlo sin ti? Habrá que averiguarlo.
Tus ojos negros, dulcisimos, no han parado de culparme, desde la cocina.
Esos ojos que alguna vez colgaron una sonrisa profunda, esa que ha herido mi corazón.
Al atravesar la puerta, me siento morir. Voy dando pasos como en una foto.
Un mundo que se fuerza a moverse. Nadie aparece, nadie me ve. Sin ti, estoy solo.
Ni la lluvia fría se apiada de mi, ni la dicha ajena quiere acompañarme.
Cada cosa que alguna vez te dije, ahora vuelve a atormentarme. Se viene de golpe todo el amor.
Si pudiera llover, podría llorar. Podría temblar y gemir, y nadie habría de notarlo.
Y por la herida fluye mi amor por ti, inagotable. Inexplicablemente calido, siempre lo fue.
Me siento solo, me siento muy solo. Siento que sin saberlo, voy a romper a llorar.
En instantes he tratado de hablarte, sin darme cuenta que ya no estás alli.
Parte de mi, trato de besarte con la naturalidad de mover un brazo.
Y aun te siento allí, aunque no estés. Te siento reir, te siento acurrucar contra mi pecho.
Tus brazos, pesando contra el mio, me hacen perder el balance.
Pero no estás, y no soy más que un tonto soñador caminando torpemente.
Y te imagino mover el café con una pequeña cucharilla. Y dejar mezclar lagrimas en el.
Me extrañas... Sé que me extrañas, porque tu no bebes café. Sólo yo, de los dos.
Te sentarás a mirar la taza, inmovil. Imaginando vermela beber.
¿Donde está el amor? En esas pequeñas cosas con las que construimos una vida.
En los bordes del mantel, en las caricias sugerentes. Miradas con el borde del ojo.
Aquellas ligerezas que cada quien ha tomado para si. Su pedazo del sentimiento, su balsa.
Los lados dulces de la rutina, esos que nos salvarán de hundirnos en el dolor.
Dulce golondrina, siempre estaré mirando tu luna, como tu mirarás mis estrellas. Nuestro cielo.
Masoquista, mi alma no quiere dejar de tenerte. Ha llorado al marcharme de ti.
Y las lagrimas pesan como mil te quieros cargados de labial. Pasión carmesí, nº8.
Tomé la parte que construí de aquel amor, y nada fue tan triste como verla sin la tuya.
Tristes son mis maletas, aparcadas en el portal. Desolador es verlas allí.
Es como ver caer mil bombas sobre Paris. Como oir el sollozo de los ángeles.
Y yo no sé que haré. ¿Como voy a hacerlo sin ti? Habrá que averiguarlo.
Tus ojos negros, dulcisimos, no han parado de culparme, desde la cocina.
Esos ojos que alguna vez colgaron una sonrisa profunda, esa que ha herido mi corazón.
Al atravesar la puerta, me siento morir. Voy dando pasos como en una foto.
Un mundo que se fuerza a moverse. Nadie aparece, nadie me ve. Sin ti, estoy solo.
Ni la lluvia fría se apiada de mi, ni la dicha ajena quiere acompañarme.
Cada cosa que alguna vez te dije, ahora vuelve a atormentarme. Se viene de golpe todo el amor.
Si pudiera llover, podría llorar. Podría temblar y gemir, y nadie habría de notarlo.
Y por la herida fluye mi amor por ti, inagotable. Inexplicablemente calido, siempre lo fue.
Me siento solo, me siento muy solo. Siento que sin saberlo, voy a romper a llorar.
En instantes he tratado de hablarte, sin darme cuenta que ya no estás alli.
Parte de mi, trato de besarte con la naturalidad de mover un brazo.
Y aun te siento allí, aunque no estés. Te siento reir, te siento acurrucar contra mi pecho.
Tus brazos, pesando contra el mio, me hacen perder el balance.
Pero no estás, y no soy más que un tonto soñador caminando torpemente.
Y te imagino mover el café con una pequeña cucharilla. Y dejar mezclar lagrimas en el.
Me extrañas... Sé que me extrañas, porque tu no bebes café. Sólo yo, de los dos.
Te sentarás a mirar la taza, inmovil. Imaginando vermela beber.
¿Donde está el amor? En esas pequeñas cosas con las que construimos una vida.
En los bordes del mantel, en las caricias sugerentes. Miradas con el borde del ojo.
Aquellas ligerezas que cada quien ha tomado para si. Su pedazo del sentimiento, su balsa.
Los lados dulces de la rutina, esos que nos salvarán de hundirnos en el dolor.
Dulce golondrina, siempre estaré mirando tu luna, como tu mirarás mis estrellas. Nuestro cielo.


