A LA MUJER...
Publicado: Jue Jun 10, 2010 19:10
De andar tan perdido, de estar tan vacìo,
de sentirme presa de mi desvarìo,
de ser un errante nauta de los mares,
de vagar por muchos, distintos lugares.
De ser un inquieto gambusino iluso
e ir sin rumbo fijo siempre tan confuso.
De ignorar las cosas, su por què, su sino,
la razòn inquieta de mi desatino
y las sinrazones de mis desventuras;
de tragarme a solas tantas amarguras,
tantos desencantos, mùltiples reproches,
prolongando el dìa con mis grises noches.
De sembrar espinas en mi rùstico agro,
mira que el hallarte fue como un milagro...
Yo era semejante como al Caballero
de figura triste que con su escudero
iba por los pueblos, villas y ciudades
deshaciendo entuertos como tempestades,
y a quienes libraba de sus ataduras
los aleccionaba y entre sus locuras
les pedìa fueran donde Dulcinea
que era de sus sueños lo que Galatea
era a Polifemo, la mujer amada
y de entre las flores, la màs perfumada,
y de las estrellas la màs luminosa;
Pero mira ahora, fèmina preciosa
que al haberte hallado todo me has cambiado
y hoy al mundo miro como enamorado.
Me quitè la negra vestidura triste
en el mismo instante en que apareciste.
Me encontrè de pronto pleno de alegrìa
ya sin desencantos, sin melancolìa.
Fue el haberte hallado lo que dio sentido
a mi amor que andaba desabastecido
y hoy que ya soy tuyo y que tù eres mìa,
lleno mis espacios de tu poesìa.
Eres fantasìa sòlida y compacta,
la que màs me llena, la que màs me impacta
porque con tu sola y ùnica presencia
me encontrè a mì mismo y encontrè mi esencia.
Gracias porque existes y porque eres bella
y aunque tan lejana tienes de la estrella
esa luz que atrae, luz que parpadea,
la que el hombre añora, la que se desea,
la que a fin de cuentas todos anhelamos,
tù, mujer hermosa, tù por lo que hallamos
desde que nacemos, el placer, la gloria,
reina de la vida, dueña de la historia.
Heriberto Bravo Bravo SS.CC
de sentirme presa de mi desvarìo,
de ser un errante nauta de los mares,
de vagar por muchos, distintos lugares.
De ser un inquieto gambusino iluso
e ir sin rumbo fijo siempre tan confuso.
De ignorar las cosas, su por què, su sino,
la razòn inquieta de mi desatino
y las sinrazones de mis desventuras;
de tragarme a solas tantas amarguras,
tantos desencantos, mùltiples reproches,
prolongando el dìa con mis grises noches.
De sembrar espinas en mi rùstico agro,
mira que el hallarte fue como un milagro...
Yo era semejante como al Caballero
de figura triste que con su escudero
iba por los pueblos, villas y ciudades
deshaciendo entuertos como tempestades,
y a quienes libraba de sus ataduras
los aleccionaba y entre sus locuras
les pedìa fueran donde Dulcinea
que era de sus sueños lo que Galatea
era a Polifemo, la mujer amada
y de entre las flores, la màs perfumada,
y de las estrellas la màs luminosa;
Pero mira ahora, fèmina preciosa
que al haberte hallado todo me has cambiado
y hoy al mundo miro como enamorado.
Me quitè la negra vestidura triste
en el mismo instante en que apareciste.
Me encontrè de pronto pleno de alegrìa
ya sin desencantos, sin melancolìa.
Fue el haberte hallado lo que dio sentido
a mi amor que andaba desabastecido
y hoy que ya soy tuyo y que tù eres mìa,
lleno mis espacios de tu poesìa.
Eres fantasìa sòlida y compacta,
la que màs me llena, la que màs me impacta
porque con tu sola y ùnica presencia
me encontrè a mì mismo y encontrè mi esencia.
Gracias porque existes y porque eres bella
y aunque tan lejana tienes de la estrella
esa luz que atrae, luz que parpadea,
la que el hombre añora, la que se desea,
la que a fin de cuentas todos anhelamos,
tù, mujer hermosa, tù por lo que hallamos
desde que nacemos, el placer, la gloria,
reina de la vida, dueña de la historia.
Heriberto Bravo Bravo SS.CC

