En las calles bañadas de vodka...
Publicado: Sab May 29, 2010 16:17
En las calles bañadas de vodka
extasiadas de sombra,
alumbradas con luna,
al entrar se duele y envenena
una luminosa espina
aliviando -por unos minutos- de pronto la vida;
comienza a espumear la sangre
cual manantial nuevo y arrogante
dispuesto a conocernos.
¿Hasta dónde habremos de llegar
en un viaje sin caminos?
Sólo el exceso nos da la certeza
de adónde vamos a ir.
Jesús, cuál fue tu auténtico cáliz
aquel que llevamos como destino-cáncer
desde adentro, otrora de nacer.
Las salidas nocturnas son puertas
de entrada todas, ninguna de salida.
La virgen del exceso nos convida
su destructiva sensualidad
con un beso en las pupilas
disipando el dolor.
Entre orquídeas negras
la muerte vuelve a brillar, dulcemente,
con su mirada endulzando la mente;
en sus manos magras un sobre rojo
y dentro de él una invitación
sin hora ni día, mucho menos año
con sus ojos de azul nocturno,
de frío amor imperecedero,
me habla y dice: Cuando gustes
asido a mi talle puedes llegar
a la tertulia eterna de un bar.
Desnudas bailan las sombras
su luz desnuda guaridas del ayer
y veo ausencia en mí, me cuesta respirar
¿Hasta donde he de llegar?
Silencio ¡abre tus labios!
Una nube en mis ojos se incendia,
el cielo ha comenzado a ceder;
en los dientes el tiempo se parte
las sonrisas de pronto me enferman,
de entre las paredes voces de Furias
Dios, sobre el espejo ¡eterniza estas líneas!
De un terceto inhalamos el tedio
hay ganas, el corazón resucita y se evapora
como duro suspiro buscando salir
del cadalso de mis huesos.
Vida y muerte, esta noche no hay tregua.
El abismo se piensa una caída…
¡es una odisea! un mirar adentro
con el alma nuestros monstruos;
-una heroína nos ha de salvar-
Quisiera ver el cerebro muerto
sin flores ni pensamientos,
al fin perderme para encontrarme.
Todo es inútil como inútil es
el querer sacarte del corazón…
te puedes quedar porque yo me voy.
La ausencia nos vuelve a perder
dejando que nuestra historia se vaya
por el vertedero de las auroras.
¿Qué he de hacer aquí?
Aunque muera no tengo remedio,
a donde vaya sólo espejos yertos.
El humo de luna destroza las pupilas
pesadamente recorre la buhardilla
poblando el éter de visiones
y las almohadas con lagos azules;
mientras más se entibia el abandono
más frías se tornan las manos,
de porcelana se viste el rostro
y de abismos nuestros ojos.
Las paredes de pronto se expanden
al fin hay espacio para volar;
aún en mi lecho estoy en las calles,
la distancia ha cerrado sus brazos
y la muerte nos vuelve a invocar
copulando poemas con mi nombre,
no la detendré porque no sabré.
Silencio, puedes tus labios sellar
lo que piensas ya no me interesa.
El laberinto se ha vuelto a cerrar,
quizá a desdoblar, qué más da,
aunque uno busque no existe salida
tarde o temprano llegamos al mismo lugar
con más recuerdos en el bolsillo
y unos versos sangrando en la boca.
Pese a todo -y por decreto divino-
una musa siempre nos hará cantar
entre calles bañadas de vodka…
Iván Ortega abril 2010
extasiadas de sombra,
alumbradas con luna,
al entrar se duele y envenena
una luminosa espina
aliviando -por unos minutos- de pronto la vida;
comienza a espumear la sangre
cual manantial nuevo y arrogante
dispuesto a conocernos.
¿Hasta dónde habremos de llegar
en un viaje sin caminos?
Sólo el exceso nos da la certeza
de adónde vamos a ir.
Jesús, cuál fue tu auténtico cáliz
aquel que llevamos como destino-cáncer
desde adentro, otrora de nacer.
Las salidas nocturnas son puertas
de entrada todas, ninguna de salida.
La virgen del exceso nos convida
su destructiva sensualidad
con un beso en las pupilas
disipando el dolor.
Entre orquídeas negras
la muerte vuelve a brillar, dulcemente,
con su mirada endulzando la mente;
en sus manos magras un sobre rojo
y dentro de él una invitación
sin hora ni día, mucho menos año
con sus ojos de azul nocturno,
de frío amor imperecedero,
me habla y dice: Cuando gustes
asido a mi talle puedes llegar
a la tertulia eterna de un bar.
Desnudas bailan las sombras
su luz desnuda guaridas del ayer
y veo ausencia en mí, me cuesta respirar
¿Hasta donde he de llegar?
Silencio ¡abre tus labios!
Una nube en mis ojos se incendia,
el cielo ha comenzado a ceder;
en los dientes el tiempo se parte
las sonrisas de pronto me enferman,
de entre las paredes voces de Furias
Dios, sobre el espejo ¡eterniza estas líneas!
De un terceto inhalamos el tedio
hay ganas, el corazón resucita y se evapora
como duro suspiro buscando salir
del cadalso de mis huesos.
Vida y muerte, esta noche no hay tregua.
El abismo se piensa una caída…
¡es una odisea! un mirar adentro
con el alma nuestros monstruos;
-una heroína nos ha de salvar-
Quisiera ver el cerebro muerto
sin flores ni pensamientos,
al fin perderme para encontrarme.
Todo es inútil como inútil es
el querer sacarte del corazón…
te puedes quedar porque yo me voy.
La ausencia nos vuelve a perder
dejando que nuestra historia se vaya
por el vertedero de las auroras.
¿Qué he de hacer aquí?
Aunque muera no tengo remedio,
a donde vaya sólo espejos yertos.
El humo de luna destroza las pupilas
pesadamente recorre la buhardilla
poblando el éter de visiones
y las almohadas con lagos azules;
mientras más se entibia el abandono
más frías se tornan las manos,
de porcelana se viste el rostro
y de abismos nuestros ojos.
Las paredes de pronto se expanden
al fin hay espacio para volar;
aún en mi lecho estoy en las calles,
la distancia ha cerrado sus brazos
y la muerte nos vuelve a invocar
copulando poemas con mi nombre,
no la detendré porque no sabré.
Silencio, puedes tus labios sellar
lo que piensas ya no me interesa.
El laberinto se ha vuelto a cerrar,
quizá a desdoblar, qué más da,
aunque uno busque no existe salida
tarde o temprano llegamos al mismo lugar
con más recuerdos en el bolsillo
y unos versos sangrando en la boca.
Pese a todo -y por decreto divino-
una musa siempre nos hará cantar
entre calles bañadas de vodka…
Iván Ortega abril 2010


