ME QUISO Y YO LA QUERIA.
Publicado: Sab Nov 28, 2009 10:40
ME QUISO Y YO LA QUERIA.
Cuánto me quiso pero nunca me amó;
Yo también la quise pero no la amaba,
le di de mi todo cuánto ella deseó
y ella me dio todo lo que yo deseaba.
Entre amar y querer hay abismal diferencia:
Querer, enciende emociones se palpan las formas,
amando se acarician bellezas sin lujurias ni dogmas,
percibiendo en cada suspiro del alma su esencia.
Claro que nos quisimos;
Saciamos sobrados nuestros apetitos,
memorables encuentros vacíos e irreflexivos,
de gratas pasiones a remordimientos infinitos.
Terminó la emoción, llegó la rutina,
se posesionó el desgano y la costumbre luego.
Perdió su encanto la rosa pero dejó la espina,
de este superficial encuentro vulgar y ciego.
Un día cualquiera no acudí a su cita ni ella a la mía,
pronto nuestra pasión en la ausencia quedó satisfecha,
había emoción pero no sentimiento y ella lo sabía.
Cómo que el amor no rondaba las lujurias de aquel lecho.
Y ya no volvieron aquellos encuentros perdido el encanto,
su cuerpo se fue mancillado en esas lujurias sin sentimiento,
encuentros de exquisiteces presagio de futuro llanto,
al no poder entregar su pureza llegado el momento.
Y Yo la quise más nunca la amé,
Ella también me quiso pero nunca me amó,
toda mi lascivia sobre su cuerpo entregué,.
Ella en deleites carnales el amor profanó.
Autor: Víctor A. Arana,
(VICTOR SANTA ROSA),
Cincinnati, Noviembre 27 del 2009.
Cuánto me quiso pero nunca me amó;
Yo también la quise pero no la amaba,
le di de mi todo cuánto ella deseó
y ella me dio todo lo que yo deseaba.
Entre amar y querer hay abismal diferencia:
Querer, enciende emociones se palpan las formas,
amando se acarician bellezas sin lujurias ni dogmas,
percibiendo en cada suspiro del alma su esencia.
Claro que nos quisimos;
Saciamos sobrados nuestros apetitos,
memorables encuentros vacíos e irreflexivos,
de gratas pasiones a remordimientos infinitos.
Terminó la emoción, llegó la rutina,
se posesionó el desgano y la costumbre luego.
Perdió su encanto la rosa pero dejó la espina,
de este superficial encuentro vulgar y ciego.
Un día cualquiera no acudí a su cita ni ella a la mía,
pronto nuestra pasión en la ausencia quedó satisfecha,
había emoción pero no sentimiento y ella lo sabía.
Cómo que el amor no rondaba las lujurias de aquel lecho.
Y ya no volvieron aquellos encuentros perdido el encanto,
su cuerpo se fue mancillado en esas lujurias sin sentimiento,
encuentros de exquisiteces presagio de futuro llanto,
al no poder entregar su pureza llegado el momento.
Y Yo la quise más nunca la amé,
Ella también me quiso pero nunca me amó,
toda mi lascivia sobre su cuerpo entregué,.
Ella en deleites carnales el amor profanó.
Autor: Víctor A. Arana,
(VICTOR SANTA ROSA),
Cincinnati, Noviembre 27 del 2009.


