SOLILOQUIO.
Publicado: Mié Ago 26, 2009 23:52
SOLILOQUIO.
Fenece el recuerdo en el olvido,
Cómo vana es la caricia en ausencia.
Desprovisto de emoción el beso no pedido
y sin amor… Indeseada es la presencia.
El desierto no muere sin el agua,
cómo el campo sin riego no florece.
La fuente sin su río no desagua,
Y el mar sin su cauce ya no crece.
Sin preámbulo de ocaso no hay noche,
cómo tampoco sin el alba hay día.
No hay agravio que se quede sin reproche,
ni el perdón es denigrante cobardía.
Sin nubes en el cielo no hay celaje,
cómo imposible es un mar sin su sal.
Toda pena trae consuelo en su equipaje,
cómo monumento al amor que es inmortal.
No hay crimen que no merezca castigo,
cómo no hay pena sufrida sin redención.
No es eterno el pleito entre amante o amigo,
Ni el corazón vive sin palpitación.
Todo mendigo hace de la limosna su primicia
Y no hay alma que el hambre no conmueva.
Esa moneda que el miserable harapiento lleva,
provista es de bendición y de agradecida caricia.
Y en este soliloquio que cautiva el pensamiento,
he visto que la codicia sin deseo es reprimida,
que es eterno el tiempo en su momento
Y la muerte es consecuencia de la vida.
Autor: Víctor A. Arana,
(VICTOR SANTA ROSA),
Cincinnati, Ohio, Agosto 26 del 2009.
Fenece el recuerdo en el olvido,
Cómo vana es la caricia en ausencia.
Desprovisto de emoción el beso no pedido
y sin amor… Indeseada es la presencia.
El desierto no muere sin el agua,
cómo el campo sin riego no florece.
La fuente sin su río no desagua,
Y el mar sin su cauce ya no crece.
Sin preámbulo de ocaso no hay noche,
cómo tampoco sin el alba hay día.
No hay agravio que se quede sin reproche,
ni el perdón es denigrante cobardía.
Sin nubes en el cielo no hay celaje,
cómo imposible es un mar sin su sal.
Toda pena trae consuelo en su equipaje,
cómo monumento al amor que es inmortal.
No hay crimen que no merezca castigo,
cómo no hay pena sufrida sin redención.
No es eterno el pleito entre amante o amigo,
Ni el corazón vive sin palpitación.
Todo mendigo hace de la limosna su primicia
Y no hay alma que el hambre no conmueva.
Esa moneda que el miserable harapiento lleva,
provista es de bendición y de agradecida caricia.
Y en este soliloquio que cautiva el pensamiento,
he visto que la codicia sin deseo es reprimida,
que es eterno el tiempo en su momento
Y la muerte es consecuencia de la vida.
Autor: Víctor A. Arana,
(VICTOR SANTA ROSA),
Cincinnati, Ohio, Agosto 26 del 2009.