La mortalidad del amor
Publicado: Lun Jul 06, 2009 23:45
Detrás de los tambores del adiós
caen otoñales las hojas de los versos
que ando quemando recuerdos
para que la tristeza sea la valentía
que venza la vergüenza de la incomprensión
y en este dolor tan mío
crezca como en el arado la ilusión
y no sean mis lágrimas
como lluvia en el asfalto
que se pierde cuando escampa.
El amor por estar vivo
es también mortal,
todo amor a de morir
cuando acaba la ilusión o aquel que amó,
y en esta condena de mi pena
miro el esquivo amanecer
sentado sobre las brazas del dolor
y de estas florezca la fantasía
para que mi alma logre comprender
que las lágrimas tienen más poder
que el de borrar las alegrías.
Esta pena tan multiplicada en pulsaciones,
en respiros, dolor en pecho que se contrae,
que se expande y se disemina ensangrentado.
Amanecer de oscuridad tan universal
como el sufrimiento en la selva de ojos.
Porque cruel es tener corazón
me reservo el derecho a llorarte
cuando quiera, donde quiera,
y hoy que el beso cae
de los labios a la mejilla
marca sobre mi rostro
la distancia de la indiferencia
como cuando el balde que es el pozo
y es la luz la que nos ciega.
caen otoñales las hojas de los versos
que ando quemando recuerdos
para que la tristeza sea la valentía
que venza la vergüenza de la incomprensión
y en este dolor tan mío
crezca como en el arado la ilusión
y no sean mis lágrimas
como lluvia en el asfalto
que se pierde cuando escampa.
El amor por estar vivo
es también mortal,
todo amor a de morir
cuando acaba la ilusión o aquel que amó,
y en esta condena de mi pena
miro el esquivo amanecer
sentado sobre las brazas del dolor
y de estas florezca la fantasía
para que mi alma logre comprender
que las lágrimas tienen más poder
que el de borrar las alegrías.
Esta pena tan multiplicada en pulsaciones,
en respiros, dolor en pecho que se contrae,
que se expande y se disemina ensangrentado.
Amanecer de oscuridad tan universal
como el sufrimiento en la selva de ojos.
Porque cruel es tener corazón
me reservo el derecho a llorarte
cuando quiera, donde quiera,
y hoy que el beso cae
de los labios a la mejilla
marca sobre mi rostro
la distancia de la indiferencia
como cuando el balde que es el pozo
y es la luz la que nos ciega.
