ODA PARA UN ADIÓS
Publicado: Dom May 10, 2009 15:39
ODA PARA UN ADIÓS
En memoria de Silvio Rodríguez Cárdenas
concertista de piano, gloria de Cuba y del mundo
fallecido ayer en la ciudad de Orlando de un paro Cardiaco masivo
a la edad de 79 años.
Descanse en paz.
Hoy me anuncian con rudeza y sin decoro la muerte repentina
de un amigo de siempre, un amigo de esos que no suelen existir con frecuencia,
un amigo de los grandes, de los que se debe presumir.
No creo equivocarme al decir que el mundo ha perdido
un pianista con letras mayúsculas, uno de esos concertistas
que no fecundan la tierra de los mediocres, uno de esos genios
que solo se leen en libros y que después que uno los conoce
se da cuenta que son transparentes, diáfanos y sencillos.
Un día, Carpentier, bromeando con nosotros
se refirió a alguien como “su gran amigo Igor”
hasta que nos dimos cuenta que nos estaba hablando del gran Stravinski,
que para casi todos nosotros incluyéndome a mi
era solo una figura gigante en la historia de la música mundial,
sin embargo para él fue un amigo entrañable que solía alegrarle
con su música y su compañía las noches de Copacabana cuando ambos
compartieron aquel verano en que fueron vecinos.
Ahora veo con similitud que mi amigo no fue un pianista genial para mi,
fue simplemente ese amigo que cuando más falta hacía
aparecía diciendo chistes en cualquiera de sus cinco idiomas
los cuales a menudo no comprendía, pero el tenía la sencillez
de traducírmelos a mis dos idiomas limitados sin epatancia.
Hoy me toca a mi llorar en silencio por quien aún anoche me habló por teléfono
por última vez pidiéndo que le contara “chistes de Pastusos”
como el solías decirles y con los cuales se reías a carcajadas.
Nunca imaginé que iba a ser nuestra última conversación, nunca imaginé
que ya no escucharía más su piano “encantar” como una vez dijo de él
Leonard Bernstein cuando lo escuchó en aquel concierto en Paris tan conocido.
Te nos fuiste por delante muy en silencio y sin decir nada,
tu corazón ya cansado te traicionó sin avisarte ni a ti ni a nosotros,
no tuvimos tiempo a despedirnos, y nunca tu proyecto de aquel concierto
en Alemania ahora se podrá realizar como tanto te interesaba.
Siento orgullo por el concierto que te pude organizar en Valencia,
aquel mes que te mudaste a mi casa para tener tiempo de ensayar
y por lo cual hasta renté un piano y lo puse abajo en mi estudio.
Se que siempre recordaré aquellos días antes del concierto que
todas las tardes bajabas las escaleras y tocabas incansablemente por horas
llenando toda la casa de aquella música inmensa en mis horas de la siesta,
sobre todo ejecutando a Chopin que siempre fue tu fuerte y tu predilecto.
Tengo tantos recuerdos hoy que se me reúnen a la vez como queriendo salir,
como si pudieran regresar todos aquellos tiempos que compartimos en
aquellas veladas de tomar vino Sauvignon Francés y por supuesto queso Brie
que tanto te gustaba mientras comentábamos anécdotas del mundo,
de viajes, músicos y pintores amigos de los dos así como tu gran sentido del humor.
Ahora te escribo aquí el adiós que no pude decirte antes que te fueras
aunque me queda el consuelo de pensar que a estas horas ya te habrás
unido a Chopin a cuatro manos, a Liszt, a Mozart y a todos los demás
que deben haber estado ansiosos de verte llegar lleno de música y de paz.
Siempre serás memoria eterna para quienes tuvimos la dicha de conocerte,
para todos los que pudimos compartir tu amistad sincera.
Ahora nos toca a todos decirte adiós y aceptar las noticias.
A mi imaginarme que comenzaste una nueva gira, esta vez sin regreso
y recordar con nostalgia todos los años que tuvimos para compartir.
Descansa en paz.
PANCHO VARELA
Mayo 9 2009
3:00 AM
En memoria de Silvio Rodríguez Cárdenas
concertista de piano, gloria de Cuba y del mundo
fallecido ayer en la ciudad de Orlando de un paro Cardiaco masivo
a la edad de 79 años.
Descanse en paz.
Hoy me anuncian con rudeza y sin decoro la muerte repentina
de un amigo de siempre, un amigo de esos que no suelen existir con frecuencia,
un amigo de los grandes, de los que se debe presumir.
No creo equivocarme al decir que el mundo ha perdido
un pianista con letras mayúsculas, uno de esos concertistas
que no fecundan la tierra de los mediocres, uno de esos genios
que solo se leen en libros y que después que uno los conoce
se da cuenta que son transparentes, diáfanos y sencillos.
Un día, Carpentier, bromeando con nosotros
se refirió a alguien como “su gran amigo Igor”
hasta que nos dimos cuenta que nos estaba hablando del gran Stravinski,
que para casi todos nosotros incluyéndome a mi
era solo una figura gigante en la historia de la música mundial,
sin embargo para él fue un amigo entrañable que solía alegrarle
con su música y su compañía las noches de Copacabana cuando ambos
compartieron aquel verano en que fueron vecinos.
Ahora veo con similitud que mi amigo no fue un pianista genial para mi,
fue simplemente ese amigo que cuando más falta hacía
aparecía diciendo chistes en cualquiera de sus cinco idiomas
los cuales a menudo no comprendía, pero el tenía la sencillez
de traducírmelos a mis dos idiomas limitados sin epatancia.
Hoy me toca a mi llorar en silencio por quien aún anoche me habló por teléfono
por última vez pidiéndo que le contara “chistes de Pastusos”
como el solías decirles y con los cuales se reías a carcajadas.
Nunca imaginé que iba a ser nuestra última conversación, nunca imaginé
que ya no escucharía más su piano “encantar” como una vez dijo de él
Leonard Bernstein cuando lo escuchó en aquel concierto en Paris tan conocido.
Te nos fuiste por delante muy en silencio y sin decir nada,
tu corazón ya cansado te traicionó sin avisarte ni a ti ni a nosotros,
no tuvimos tiempo a despedirnos, y nunca tu proyecto de aquel concierto
en Alemania ahora se podrá realizar como tanto te interesaba.
Siento orgullo por el concierto que te pude organizar en Valencia,
aquel mes que te mudaste a mi casa para tener tiempo de ensayar
y por lo cual hasta renté un piano y lo puse abajo en mi estudio.
Se que siempre recordaré aquellos días antes del concierto que
todas las tardes bajabas las escaleras y tocabas incansablemente por horas
llenando toda la casa de aquella música inmensa en mis horas de la siesta,
sobre todo ejecutando a Chopin que siempre fue tu fuerte y tu predilecto.
Tengo tantos recuerdos hoy que se me reúnen a la vez como queriendo salir,
como si pudieran regresar todos aquellos tiempos que compartimos en
aquellas veladas de tomar vino Sauvignon Francés y por supuesto queso Brie
que tanto te gustaba mientras comentábamos anécdotas del mundo,
de viajes, músicos y pintores amigos de los dos así como tu gran sentido del humor.
Ahora te escribo aquí el adiós que no pude decirte antes que te fueras
aunque me queda el consuelo de pensar que a estas horas ya te habrás
unido a Chopin a cuatro manos, a Liszt, a Mozart y a todos los demás
que deben haber estado ansiosos de verte llegar lleno de música y de paz.
Siempre serás memoria eterna para quienes tuvimos la dicha de conocerte,
para todos los que pudimos compartir tu amistad sincera.
Ahora nos toca a todos decirte adiós y aceptar las noticias.
A mi imaginarme que comenzaste una nueva gira, esta vez sin regreso
y recordar con nostalgia todos los años que tuvimos para compartir.
Descansa en paz.
PANCHO VARELA
Mayo 9 2009
3:00 AM