La ciudad y el laberinto
Publicado: Dom May 10, 2009 03:12
Mi laberinto es mi propia ciudad,
todos los callejones están cegados,
las playas vigiladas,
las sombras retadoras... todas las puertas,
semiabiertas en mitad de la noche.
¿Te atreves a entrar en ellas?
Los ruidos te paralizan, el miedo
te alcanza en cualquier manzana,
puedes ver las siluetas de los monstruos
en las paredes blancas, el cielo
es una caja presta a cerrarse... todos los misterios
cortan mis huídas como afilados floretes,
te trazan una raya roja en mitad del pecho,
luego sangras.
No hay ventanas que se abran
y acudan a por tí, los bares están poblados
de esbirros de la violencia, en los bailes
danzan viejas locas sin música: sus pasos
en el silencio se han instalado,
es como verte abrazada a tu amante
a través de los cristales, los lobos
fueron despellejados y colgados,
los trenes desviados... toda la ciudad
es un maldito laberinto para no poder salir
jamás,
jamás, jamás.
Sólo la catedral permanece abierta,
como última trampa, como la boca
de un gran nicho decorado: si entras
lo harás muerto, estarás enterrado.
Ni en tu falda azul celeste, tierna,
cálida, con esa suavidad que no hallo
en lugar alguno, hoy me siento seguro:
Kafka te ha diseñado, Flaubert
te ha dibujado... y San Juan ha escrito
sobre tu piel todo lo que no quiero saber.
todos los callejones están cegados,
las playas vigiladas,
las sombras retadoras... todas las puertas,
semiabiertas en mitad de la noche.
¿Te atreves a entrar en ellas?
Los ruidos te paralizan, el miedo
te alcanza en cualquier manzana,
puedes ver las siluetas de los monstruos
en las paredes blancas, el cielo
es una caja presta a cerrarse... todos los misterios
cortan mis huídas como afilados floretes,
te trazan una raya roja en mitad del pecho,
luego sangras.
No hay ventanas que se abran
y acudan a por tí, los bares están poblados
de esbirros de la violencia, en los bailes
danzan viejas locas sin música: sus pasos
en el silencio se han instalado,
es como verte abrazada a tu amante
a través de los cristales, los lobos
fueron despellejados y colgados,
los trenes desviados... toda la ciudad
es un maldito laberinto para no poder salir
jamás,
jamás, jamás.
Sólo la catedral permanece abierta,
como última trampa, como la boca
de un gran nicho decorado: si entras
lo harás muerto, estarás enterrado.
Ni en tu falda azul celeste, tierna,
cálida, con esa suavidad que no hallo
en lugar alguno, hoy me siento seguro:
Kafka te ha diseñado, Flaubert
te ha dibujado... y San Juan ha escrito
sobre tu piel todo lo que no quiero saber.
