LA VOZ DEL MAR.
Publicado: Sab Abr 11, 2009 01:35
LA VOZ DEL MAR.
Deja que la profundidad del mar guarde nuestros sentimientos,
ellos serán perpetua vivencia en el vaivén de inquietas olas.
No importa que no estés presente en todos mis momentos
si al visitar estas playas, nuestras ilusiones retornan solas.
Viento salitrado que acaricia mis mejillas enjugando mi llanto,
brisa que mis labios refresca rememorando tus pasionales besos.
El océano imponente, azul e inmenso y su murmurante encanto
se apetece bello, fijando tu dilecta presencia en mis embelesos.
Nostalgias y recuerdos arremolinados a la vera de esta soledad,
sedientas deltas que indiferente mar ha dejado en abandono.
Ilusiones que vuelan cuál elegante gaviota en pos de libertad,
Abrigando en tristes ocasos cansado corazón que palpita solo.
Embrujante mar que cobijas silentes amores y crueles despedidas,
rumores que cantan pasionales confesiones o dolidas nostalgias,
Vaivenes de olas en frenéticos encuentros y dolientes partidas;
Mensajeras de alegrías o tétricas sepultureras de reprimidas ansias.
Hoy concurrí presuroso a solitaria cita conmigo mismo,
la vista prendida al caer la tarde del basto horizonte.
El risco erguido, las aguas besando sus pies allá en el abismo,
prendido el celaje, rojizas las nubes, cantando el sinsonte.
Y salpicaba el viento aromas de mar en refrescante brisa,
percibía en silencio cantos de sirena en celestial lejanía.
Intacto lo nuestro, la playa y su arena vestidas de melancolía
el paisaje bello pero marchito por tu ausente sonrisa.
Allí estaba incólume todo lo nuestro, el árbol, el pasto y la roca.
Sublime Altar de ofrendadas promesas y voluntarios anhelos.
Sólo faltabas Tú; El calor de tu cuerpo y el manantial de tu boca,
para disipar la doliente bruma que empaña mis nostálgicos cielos.
Autor: Víctor A. Arana,
(VÍCTOR SANTA ROSA),
Cincinnati, Ohio, 03 marzo 2009.
Deja que la profundidad del mar guarde nuestros sentimientos,
ellos serán perpetua vivencia en el vaivén de inquietas olas.
No importa que no estés presente en todos mis momentos
si al visitar estas playas, nuestras ilusiones retornan solas.
Viento salitrado que acaricia mis mejillas enjugando mi llanto,
brisa que mis labios refresca rememorando tus pasionales besos.
El océano imponente, azul e inmenso y su murmurante encanto
se apetece bello, fijando tu dilecta presencia en mis embelesos.
Nostalgias y recuerdos arremolinados a la vera de esta soledad,
sedientas deltas que indiferente mar ha dejado en abandono.
Ilusiones que vuelan cuál elegante gaviota en pos de libertad,
Abrigando en tristes ocasos cansado corazón que palpita solo.
Embrujante mar que cobijas silentes amores y crueles despedidas,
rumores que cantan pasionales confesiones o dolidas nostalgias,
Vaivenes de olas en frenéticos encuentros y dolientes partidas;
Mensajeras de alegrías o tétricas sepultureras de reprimidas ansias.
Hoy concurrí presuroso a solitaria cita conmigo mismo,
la vista prendida al caer la tarde del basto horizonte.
El risco erguido, las aguas besando sus pies allá en el abismo,
prendido el celaje, rojizas las nubes, cantando el sinsonte.
Y salpicaba el viento aromas de mar en refrescante brisa,
percibía en silencio cantos de sirena en celestial lejanía.
Intacto lo nuestro, la playa y su arena vestidas de melancolía
el paisaje bello pero marchito por tu ausente sonrisa.
Allí estaba incólume todo lo nuestro, el árbol, el pasto y la roca.
Sublime Altar de ofrendadas promesas y voluntarios anhelos.
Sólo faltabas Tú; El calor de tu cuerpo y el manantial de tu boca,
para disipar la doliente bruma que empaña mis nostálgicos cielos.
Autor: Víctor A. Arana,
(VÍCTOR SANTA ROSA),
Cincinnati, Ohio, 03 marzo 2009.
