Al final del día
Publicado: Lun Ene 26, 2009 02:09
Observo el reloj, sus manecillas
la una de la madrugada ya han superado,
el domingo se fundió, como se funde
la frescura de mis manos,
todas las sensaciones de un día luminoso,
ya se encierran en el cajón de los recuerods,
cosas que me han arrullado
en las últimas horas, con el timbre del pasado
ya han sido selladas.
¿Qué me importa ahora que en el baile
estuviera con una chica especial?
¿O que un amigo me llorara que no tiene
a nadie en quien confiar? Sus voces se apagaron,
parecen más bien letras escritas en papel,
que yo al recordarlas,
es como si las volviera a leer,
no importa que de mañana,
comprara "El País" y visitara la avenida
paralela a la playa para cerciorarme
de los destrozos que causó el vendaval
y que ayer en la televisión me dejaron alucinado,
no importa que estuviera en el pabellón
en donde de chiquillo practicaba atletismo,
allí, entre chavales, que me recuerdan lo que fui,
hablando de la ventolera que a cuatro chicos mató
muy cerca de nosotros, casi junto a la esquina,
y que hoy, se hallan amortajados en baúles blancos.
No importa que a mi casa, no fuera a comer,
aún cuando éso mis padres les moleste.
Prefiero un restaurant, estar entre extraños,
que no la gente que no sabe que decir,
que te mira tan raro, como si fueras tú,
quién un gran secreto debiera dejar caer
sobre la mesa...
Y que en la tarde, que amenazó a primavera,
en el bar donde mi primo su vida fue dejando
a jarras en el mostrador, haya tomado una cerveza.
Que luego me he liado con un chico amigo:
que si estás extraño, que si pareces algo perdido,
él me ha confesado que su vida es un barril
de pólvora dispuesto
a que una mecha lo lance a los cielos,
porqué no sabe como estar aquí.
Desde que una chica, discreta como pocas,
lo dejó tirado una noche en un rincón de discoteca,
parece que no quiera volver a levantarse,
y pide que los amigos lo sostengan... Alfredo,
eso no va así. Y tú ya lo sabes, nadie te alzará,
así que guarda fuerzas para que un días de éstos
vuelvas a la carrera como antes.
Pero ahora, a medianoche, ante un teclado
que emite un ruido tan átono como la música
de John Cage, en uno de sus días malos
en que quiso escribir sobre el silencio
y surgió un algo que ni él sabe que es,
¿que diablos me importa todo lo dicho y oido?
Lo agradable, las sonrisas, la faz preocupada,
las calles impregnadas de gente atareada,
la arena de la playa, donde solo estaba yo
y una mujer muy gruesa que observaba a la mar,
ahh.. y los de la brigada
reparando y reparando, sucios en día de fiesta,
que importa ahora, con frío en la espalda,
con quién las últimas horas he apurado
cual si una historia bella fuéramos a descorchar...
¿qué importa todo lo pasado, aquí en la soledad?
viendo como duermen mis gatos...
Y, como tantas noches, dirijo mi mirada
al Cristo de madera que mi madre quiso que de casa
me llevara. Lo tengo apoyado sobre cintas de Nicole Kidman,
porqué nunca pude soportarlo colgado...
Miro ese rostro amagado, que la larga cabellera
no me deja ver. Busco las preguntas
que he siempre he buscado,
y una noche más fracaso...
Ayy, ayy Dios!! Que siempre fracaso ante tu faz
de un dolor insano!!
no puedo mirar tus manos agujereadas, por nosotros...
la una de la madrugada ya han superado,
el domingo se fundió, como se funde
la frescura de mis manos,
todas las sensaciones de un día luminoso,
ya se encierran en el cajón de los recuerods,
cosas que me han arrullado
en las últimas horas, con el timbre del pasado
ya han sido selladas.
¿Qué me importa ahora que en el baile
estuviera con una chica especial?
¿O que un amigo me llorara que no tiene
a nadie en quien confiar? Sus voces se apagaron,
parecen más bien letras escritas en papel,
que yo al recordarlas,
es como si las volviera a leer,
no importa que de mañana,
comprara "El País" y visitara la avenida
paralela a la playa para cerciorarme
de los destrozos que causó el vendaval
y que ayer en la televisión me dejaron alucinado,
no importa que estuviera en el pabellón
en donde de chiquillo practicaba atletismo,
allí, entre chavales, que me recuerdan lo que fui,
hablando de la ventolera que a cuatro chicos mató
muy cerca de nosotros, casi junto a la esquina,
y que hoy, se hallan amortajados en baúles blancos.
No importa que a mi casa, no fuera a comer,
aún cuando éso mis padres les moleste.
Prefiero un restaurant, estar entre extraños,
que no la gente que no sabe que decir,
que te mira tan raro, como si fueras tú,
quién un gran secreto debiera dejar caer
sobre la mesa...
Y que en la tarde, que amenazó a primavera,
en el bar donde mi primo su vida fue dejando
a jarras en el mostrador, haya tomado una cerveza.
Que luego me he liado con un chico amigo:
que si estás extraño, que si pareces algo perdido,
él me ha confesado que su vida es un barril
de pólvora dispuesto
a que una mecha lo lance a los cielos,
porqué no sabe como estar aquí.
Desde que una chica, discreta como pocas,
lo dejó tirado una noche en un rincón de discoteca,
parece que no quiera volver a levantarse,
y pide que los amigos lo sostengan... Alfredo,
eso no va así. Y tú ya lo sabes, nadie te alzará,
así que guarda fuerzas para que un días de éstos
vuelvas a la carrera como antes.
Pero ahora, a medianoche, ante un teclado
que emite un ruido tan átono como la música
de John Cage, en uno de sus días malos
en que quiso escribir sobre el silencio
y surgió un algo que ni él sabe que es,
¿que diablos me importa todo lo dicho y oido?
Lo agradable, las sonrisas, la faz preocupada,
las calles impregnadas de gente atareada,
la arena de la playa, donde solo estaba yo
y una mujer muy gruesa que observaba a la mar,
ahh.. y los de la brigada
reparando y reparando, sucios en día de fiesta,
que importa ahora, con frío en la espalda,
con quién las últimas horas he apurado
cual si una historia bella fuéramos a descorchar...
¿qué importa todo lo pasado, aquí en la soledad?
viendo como duermen mis gatos...
Y, como tantas noches, dirijo mi mirada
al Cristo de madera que mi madre quiso que de casa
me llevara. Lo tengo apoyado sobre cintas de Nicole Kidman,
porqué nunca pude soportarlo colgado...
Miro ese rostro amagado, que la larga cabellera
no me deja ver. Busco las preguntas
que he siempre he buscado,
y una noche más fracaso...
Ayy, ayy Dios!! Que siempre fracaso ante tu faz
de un dolor insano!!
no puedo mirar tus manos agujereadas, por nosotros...
