Mi pluma herida por lo inasible
del verso amargo que estigmas deja,
llora el aciago de lo intangible...
y en la nostalgia que impía aqueja,
danza el adagio de lo increíble
sabio y preclaro, cual moraleja.
Mi pluma herida por tu arrogancia
en el silencio de tu despecho,
llora el cansancio de la distancia
y en el visible rencor maltrecho,
sangra el rocío de tu inconstancia
cuando el hastío versa deshecho.
Y en el conjuro mi pluma es dueña
de la esperanza candil de ensueños,
versa el augurio que azar diseña
si en la plegaria de iluso empeño,
fluye la brisa que no desdeña
en sus quimeras etéreos sueños.
Tan libre en la mesura que asfixia la mentira
del flagelo que hiere en el profundo abismo,
cual instinto sagrado exiguo de atavismo
que hereda anticipado la alquimia que le inspira.
Si es breve todo intento de gozo que conspira
contra el capricho ajeno del bárbaro egoísmo,
un bohemio Quijote de anhelos y optimismo
cabalgará en el sueño que epígono suspira.
Y será el universo el dueño que se ufana
en la verdad del alba que anida su grandeza
y esplende la justicia cual clámide lozana.
Y el horizonte pleno sacude la rudeza
alberga en la esperanza la humana filigrana,
sin absurdas falacias ni sombras de tristeza.
Este poema lo escribí para un nuevo desafío en uno de los grupos donde participo.
Es acerca de la mitología griega y mi propósito ha sido ilustrar en versos
la historia de Perseo, hijo de Zeus y Dánae, princesa de Argos.
Me encanta esta leyenda y espero que ustedes disfruten de mis versos.
Continuarán siendo mitos...
Augurios de mala suerte
para Acrisio, rey de Argos
llevan mensajes amargos
del Oráculo que advierte,
revelaciones de muerte
si la princesa y doncella
a su marido se entrega
y el milagro se decrete.
Es preciso que la encierre
entre paredes de bronce,
no habrán donceles varones
que a la princesa cortejen.
Sufre la joven silente
en su holocausto sin hombre,
despojada de pasiones
por su padre persistente.
La belleza deslumbrante
de la joven casadera,
cual radiante tempestiva:
filigranas centellea.
Zeus la prenda desea
y en fina lluvia dorada,
penetrando la ventana
cual rayo de Sol fecunda,
a la diadema confusa
de la princesa cautiva.
El estupor y el enojo
a su padre cercenaron,
Acrisio sintió el espanto
de la délfica noticia.
Cuando Perseo nacía
entre augurios de quebrantos,
al mar fueron condenados
sin piedad ante el pecado.
La omnipotente presencia
del monarca del Olimpo,
cual vientecillo divino
protegió con gran proeza.
Fue Sérifos fortaleza,
del ímpetu y la osadía
del joven que en su hidalguía
conquistaba corazones,
arrogante en sus pasiones
y hermoso por su sonrisa.
Hermes y Atenas guiaron
los espacios siderales,
de abismos incomparables
artilugios cual desvelos,
de Pegasus y Perseo
cabalgando con donaire.
El batallar incansable
del profético acertijo,
pudo besar el idilio
en quimérica alameda,
con la virginal belleza
de la Andrómeda inefable.
Continuarán siendo mitos,
constelaciones de sueños,
de suspicaces empeños
cual esplendentes delirios.
Universo de vestigios
que la cultura nos deja,
épicos versos, leyendas
en pergaminos de oro,
eminentes del tesoro
que el patrimonio respeta.
Aquí te espero hoy bajo la luna llena,
en el azul umbral crepuscular de octubre.
Presiento tu pasión entre la sombra oculta,
bajo la luna llena cuando el silencio arrulle.
Evoco el suspirar de tu viril apego
bajo el candil de luz que en el anhelo fluye.
Presiento la virtud eólica del beso,
que el alma disfrutó con el placer que esculpe.
Preámbulo de edén revive en la memoria
bajo la luna llena cuando la musa inspire,
conmueve la ilusión que en el ocaso asombra,
el célico trinar que gime en sus confines.
Y el eco de tu andar retumba en mi añoranza,
te siento en la oquedad de mi versar confeso.
Aquí te siento hoy bajo la luna llena:
en el azul umbral que besa mi recuerdo.
Tu indolencia quebranta la ilusión de este día,
la pereza al mirar me hace gélido el sueño
si es placer humillar con desdén y porfía
no acaricies mi alma: peregrino de ensueño.
Alcanzaste mi umbral cuando el sol despedía
en la tarde el azar clandestino y risueño,
esplendente y vital , no pensé que mentía
quien tallara el primor con pletórico empeño.
Y recuerdo el azul del crepúsculo intenso,
cuando escucho el versar de tu arrullo y te pienso:
tan bohemio en mis ojos suspirando sin prisa.
Es aciago el instante que distancia tu aroma
sentenciando mi verbo el adagio que asoma,
si flagelas la endecha de la utópica brisa.
La luna de otoño su rostro presenta
tan llena de amores e ilusas promesas,
la novia coqueta que en sombras discretas
seduce las noches con gala de estrellas.
Tan regia y versada de enigmas conspira
con sueños de musas letrada andarina,
celeste en la orgía que aliena y disipa,
lamentos del alma cual huellas y estigmas.
La luna de otoño comparte su alquimia
conjura cual credo su etérea armonía,
guedejas de plata que esplenden sonrisas
en tanto en su delfos azares conquista.
Divina embelesa la noche de espera
la luna que el aura del céfiro besa,
nostalgias del alma, albur de quimeras,
gozados suspiros y umbrosas tristezas.
La luna de otoño su rostro presenta
tan regia y versada de enigmas conspira,
la luna de otoño comparte su alquimia:
divina embelesa la noche de espera.
Haremos la ronda del arpa
de azares que arrullan la paz,
haremos soñar las quimeras
y en torno a la hoguera danzar.
Haremos la ronda de esperas
ostenta su ingenio el edén
y afloran dondiegos ascetas:
anhelos de iluso vergel.
Haremos cantar ruiseñores
con musas de azul ilusión,
haremos la ronda de encuentros
que afirman plegarias de amor.
Romanza del arpa que arrulla
versados caprichos del Sol,
que alienan corolas de Otoño
y ocasos del ocre esplendor.
Haremos danzar mariposas
que añoran la luz cenital
y espliegos de azules alfombras:
tentando el adagio frugal.
Cual oda de lujo avizora
la ronda donosa y vital,
relente de versos y prosas:
que aspergen tonadas de paz.
Alucinan golondrinas en la aurora
del magnífico esplendor que la sorprende,
irisadas cuando el céfiro suspende:
y confunde el crepúsculo su aureola.
Entre tanto imaginar lo que acrisola
el primor de la nobleza que la esplende,
desvaría el rosicler que le arrebola
el donaire encantador que lo trasciende.
Amanece en el albor la contingencia
del osado talismán de la inocencia
y el preclaro despertar que le avizora.
Si la brizna que romántica acaricia
y el suspiro cefiral de la primicia:
alucinan golondrinas en la aurora.
¡Qué bueno sería amigo
al decir te quiero tanto,
con el arrullo del canto
del respeto y la armonía,
sincera y tierna elegía
del dilecto sentimiento,
que extrapola el pensamiento
sin banderas ni egoísmos
y el perdón como aforismo:
cual sagrado mandamiento!
¡Qué bueno sería amigo
hacer del verbo el sendero,
caminando el derrotero
de avatares siempre juntos,
sin enigmas que presuntos
distancien sueños y anhelos,
compartiendo los desvelos
en primicias y aventuras,
dolorosas desventuras
y lágrimas en los duelos!
Delicada y presumida,
bella, confiada y serena,
danza egregia cual sirena
en la holganza consentida,
la damisela florida
con azares de verbena.
Floreciente se enajena
con el ritmo que conspira,
melodioso si suspira
el abanico que arcano,
revela el sueño lejano
del céfiro que delira.
Danzan primicias la lira
en puntillas sibilinas,
tiernas caricias hialinas
en el remanso de flores,
sueñan odas de primores
cual romanzas peregrinas.
Y en el diván consentido
con aire de caballero,
el abanico altanero
esplendente y ladronzuelo,
contonea en el desvelo
sus albricias presumido.