No te marches,
tan solo lárgate
que la calzada del silencio no aguarda,
y sus baches se dilatan en tu ausencia.
Márchate con tus palabras
abandónalas en el andén del pasado,
allá en la plataforma de la nada
donde se acrecienta tu sombra lejana.
Y te marchaste
partiste en el tren del tiempo,
cuando la tarde apenas se asomaba
entre horizontes perfilados a tu espalda.
Los viajeros de la calzada
te observaron caminar sobre mis lunas,
pisoteando mis eneros ufanos,
cicatrizando mis febreros con mutismo.
Tan precipitado te marchaste
que el viento se detuvo
en el reverso de tu camino,
ahogando con silencios mi espíritu.






