te vi a ti sola,
con el viento en tu cara
y decías ¡hola!
Y quede hechizado
por tu dulce sonrisa,
estaba desconcertado
mi corazón latía de prisa.
Como escapar de tal dulzura
si estaba paralizado,
toda esa ternura
me había atrapado.
Inerte contemplo ahora el cielo por la noche
cautivado por el brillo de las estrellas,
pues no puedo evitar verte
al mirar en cada una de ellas.
Me recuerdan el dulce brillo de tus ojos
la ternura de tu mirada,
es que no he visto en mi vida ojos más hermosos
es que cada vez qué los veo, mi alma queda hechizada.
Y caigo bajo tu poder, bajo el encanto de tu mirar
la dulce alegría de tenerte a un lado,
la sonrisa con la que siempre he de soñar,
el eterno sosiego y la locura en la que me has atrapado.
¡Linda!
Solo tú puedes liberarme
de este hechizo de locura
que mi cuerpo consume
y a mi alma tortura.
Autor:Oscar Gonzalez Pineda

















