Soy cubana, nací en esa hermosa Isla del Caribe, reina seductora de las Antillas, con esa mezcla de lo real /maravilloso que nos distingue. Me considero talentosa y una enamorada de los detalles sencillos que se convierten en sueños en las manos de la creatividad y la espiritualidad. Soy Licenciada en Economía con un diplomado en Ciencias Económicas y Sociales, graduada con honores en mi bella Isla. Maestra de nacimiento, instruir y educar son mis grandes pasiones. Escribir me acerca a la naturaleza del amor, es como una entrega total que me transforma y me deslumbra. La poesía es para mí, el elixir que enamora todos mis axiomas.
La inspiración del día a día, aún en medio de la incertidumbre, las dudas y la adversidad, nos invita a no doblegar el espíritu ni claudicar ante el desánimo.... Todo es posible, la vida ofrece su oportunidad inefable, solo depende del ingenio y la capacidad de lucha para enfrentar el desafío.
El periplo del quebranto puede alimentar la melancolía y la nostalgia, pero jamás podrá flagelar la sensibilidad del alma que rubrica en sus memorias la esperanza.
Yo también soy de suspiros
que se riman con mis letras,
de pasión fluyo cual río
y me ahogan las tristezas.
Siento el susurro divino
de la inspiración que llega,
admiro el trino del verso
en el murmullo poeta,
que sucumbe sus olvidos
al soñar la primavera.
La poesía es más que pasión, más que el milagro, más que un azar en nuestras vidas. La poesía es la hacedora de nuestros senderos, quien transforma el detalle en imagen del alma y danza el romance del corazón.
El andar construye las historias, los senderos se iluminan con el denuedo, el brío, la entereza. Esas huellas que dejan las palabras alimentan las esperanzas, que solo pueden materializarse en el peregrino bregar del día a día. Sonreir a los sueños irizados de esperanzas. Lo mejor está por venir. Siempre en el cielo brillará después de la tempestad el arco iris de la alianza universal.
Me sorprendes en el llanto y el estío
cuando vago en la penumbra del recuerdo,
si florezco entre los páramos de espliegos
o en el hálito frugal de un precipicio.
Cual almendro que se cubre en el invierno
de las flores que embellecen su blancura,
me sorprende la razón de tus excusas
cuando vago en los estigmas del secreto.
Ennoblece la llegada de la brisa
en la ausencia peregrina del rocío,
que ha escarchado en el cristal tantas mentiras
cuando vaga en la sorpresa el laberinto.
En el céfiro poniente del deseo
si el ocaso cenital se desenfrena,
me sorprenden los detalles con la fuerza
que levanta el pedestal de los intentos.
Va trinando cual zorzal la fantasía
cuando acoge en el crepúsculo la estrella
y arrebata en la pasión o en la tristeza,
la paciencia que libera su energía.
Al anclar tu corazón en mi destino
sorprendiendo en el azar todo mi tiempo
atrinchero cada instante entre mis versos
y atesoro el suspirar de mis vacíos.
Me sorprendes en el llanto y el estío
cual almendro que se cubre en el invierno.
Ennoblece la llegada de la brisa
en el céfiro poniente del deseo,
va trinando cual zorzal la fantasía
al anclar tu corazón en mi destino.
El poder del amor no se esconde en los labios
ni en la rígida esencia de un secreto guardado,
el poder del amor no se esconde en fracasos
ni en frustrados intentos o en soñados abrazos.
El poder del amor reverdece la vida
es un soplo de aliento en las almas perdidas,
el poder del amor no sofoca algún llanto
y alimenta el perdón sosteniendo el ocaso.
El poder del amor es leal, no traiciona,
florece en su misterio con fragancia de aurora,
él alcanza besar los instantes de gloria
y enjugar una lágrima desolada que brota,
del torrente de penas o sublimes historias.
El poder del amor reconoce la espera,
no quebranta, ni humilla, no ofende, ni lacera;
y agradece el prodigio de sublime belleza:
que se mira en el alma de los ojos que besan.
El poder del amor no es cegar la nostalgia:
es sembrar cada día la ilusión con el alma,
es silencio en las noches y es la magia del alba,
es decir con los ojos lo que ahogan las ansias.
El poder del amor no es mezquina promesa
es el genio de dar la virtud en la tristeza,
no se engaña, no miente escalando quimeras,
no se esconde entre sombras de utopías siniestras.
El poder del amor no es un falso contrato,
es sentir que la vida nos ofrece el regalo,
del más fiel paraiso cual detalles amados,
que no esconden falacias ni perdidos fracasos.
Recuerdos llenos de amores
evocan el regocijo,
escondrijos y acertijos
entre sueños de colores.
Sol de inocentes primores
eclosiona en carcajadas,
ilusionadas miradas
de la infancia peregrina,
siguen la estrella divina
entre azares de alboradas.
Brizna suave y nieve blanca
en matutina llegada,
se antojan anticipada
del aroma en la barranca.
Surte anhelos tierna azanca
en el caudal que enamora
y en la aurora soñadora
se ha escuchado una plegaria,
a la estrella solitaria
que en el pesebre se adora.
Una gota del rocío
desde el azarbe que adoro
asperge besos al foro
que florece en desafío.
Esplendente el atavío
de las pasotas lujosas,
que convergen armoniosas
tan brillantes y andarinas,
trinando cual golondrinas
que suspiran ingeniosas.
Que exalte la belleza la alquimia del candor
sin permitir el eco que acabe la inocencia,
ni el esplendor excelso y humano de la esencia
que encierre el más dilecto enigma del amor.
Que el odio ni el rencor superen el honor
del corazón indemne, ileso de egoísmos
y encuentren el perdón exento de espejismos
si esplende el universo ufano y redentor.
Hespéride divina beldad que se acrisola
y brilla en el desvelo del sueño que no expira,
asume la hermosura discreta que arrebola.
Sin notas de arrogancia, sencilla cuando admira
detalles tan pequeños del viento que tremola,
tan libre en la mesura que asfixia la mentira.
Las luces de quimeras que esplenden y eclosionan
llegan con desafíos cual pléyade de intentos,
caídas y reveses, azares y argumentos
atávicos destellos, senderos que traicionan.
Auguran abundancia, también sueños coronan
decretan aforismos de ilusos pensamientos
y alejan pesimistas caprichos y lamentos,
absurdos egoísmos y envidias que ambicionan.
Fracasos e infortunios que retan la aventura
y no culpan de enigmas la lucha o la derrota,
en tanto el horizonte se goza en la ternura.
Y no tiembla ante el miedo que llora en bancarrota,
tolera discrepancias, perdona con mesura
venciendo los abismos tan libre cual gaviota.
Es verde la esperanza cual blanca es la pureza
paloma inconfundible, visible con su estela
insomne y clandestina, ufana y centinela
remonta en su alborada la indómita proeza.
Ligera va la paz con alma de nobleza,
en senderos distantes y sombras de cautela
solidaria en los valles, gentil cual damisela
que exige libertaria justicia en su firmeza.
Y es alto el desafío que arropa la conciencia
de la paz que armoniza los sueños entre espinas,
duplicando las ansias de ilusas primaveras.
En tanto el horizonte confía en la prudencia
y en la esencia que clama las alas peregrinas,
que emprenden redentoras promesas y quimeras.
Quizás es corto el tiempo de alucinarte en sueños.
¡Qué incierto es el anhelo de la utopía ilusa
que viaja en el espacio de una quimera ilesa,
de aquel rencor errante del odio que envenena!
Retorna la mirada del alma en el intento.
¡Qué ensueño ha suspirado visiones tan profundas!
Regresa la añoranza fugaz como la estrella
efímera en la noche de gélidas promesas.
El tiempo no devuelve la historia en el deseo
tan solo se atesoran memorias y penumbras
palabras que han herido intensas cual tormentas
entre nieblas de dudas y angustias traicioneras.
Y escribirá un romance las sombras del destierro
al volar mis proscriptas gaviotas cada luna,
mientras se agite inquieta la pluma sin fronteras
y esplenda en la esperanza suprema primavera.
Quizás es corto el tiempo de alucinarte en sueños.
Retorna la mirada del alma en el intento.
El tiempo no devuelve la historia en el deseo
y escribirá un romance las sombras del destierro.
Filigranas de montes que asperges huellas
damiselas arcanas y luz de estrellas
tan orondas de aromas tus perlas sellas
y esplendentes corolas de auroras bellas.
Delicados primores de nácar dejas
en campiñas de lirios y de azucenas
mariposas fragantes, blancas, serenas,
enredando jazmines en las verbenas.
Filigranas de arrullos y ruiseñores
ruborizan amantes cual tentadores,
en el ágape intenso de soñadores:
que armonizan intentos entre colores.
Atavismos traviesos que soberanos
recurrentes de ensueños vuelan arcanos,
y en pendientes de empeños versos lejanos:
acarician insomnes duelos serranos.
Filigrana en la noche, tú que has amado
al bohemio poeta que enamorado,
vas versando los sueños entre sus vados,
con furtivos enigmas que le han besado.
Es casi un acertijo el inspirar de nuevo
razones accesibles del ínclito placer,
después de confundir la noche cual placebo
y socorrer las dudas en el amanecer.
Apenas se comprende la intención que reclina
el mesurado anhelo que conspira el dolor,
es casi un laberinto la sombra en la colina
que admira el horizonte travieso en su esplendor.
Mi pena vuela errante, delira en poesía
cual frágil golondrina sapiente de emoción
y aunque la lluvia inunde la gélida agonía,
jamás podrá entre brumas perderse una ilusión.
No ignora en el rocío la aurora peregrina
la indómita caricia que augura el rosicler,
inquieta en la mirada sidérea y clandestina
que busca el acertijo difícil de entender.
Y pienso en el osado capricho del enigma
que versa en poesía y enjuicia en soledad,
mientras llega en el alba preclaro el paradigma
que inspira con su estigma y evoca su verdad.
Apenas un recuerdo que me acerca a tus versos
y el tiempo ha sido largo entre azar y capricho,
gaviota peregrina en las playas de antaño
y el eco del poema que acarició el camino.
Apenas un instante en el silencio etéreo
y el tiempo fue testigo del cenital olvido
que buscando la luz en el misterio arcano,
confundió su bregar y fecundó el exilio.
Anarquía de amor en el sutil compendio
y apenas tu mirar en el osado idilio
desató la pasión cuando los dos tatuamos,
el romance frugal que al cielo prometimos.
Y se rompió el encanto, desvaneció el hechizo,
apenas soy la sombra en el averno impío
y atada a la nostalgia de tu versar y el mío:
el tiempo ha sido amargo, nos separó el exilio.
Aferradas al libro de la vida
mis páginas escritas del pasado,
lejanas se remontan a la cima
de antiguos contubernios reservados.
Ayer que se confunde del presente
ambiguo y solapado en un suspiro,
cuartillas del azar que lo estremece
y enigmas del diario compartido.
Aferra el corazón en los pasajes
y atrapan obstinados las prisiones
de absurdos embusteros y cobardes,
que embrollan insidiosos las traiciones.
Pretérito remoto de un silencio
que atrapa los capítulos en prosa,
de instantes que sonrojan los deseos
y afianzan el poder de las memorias.
Recuerdos que atenazan inasibles
la cándida emoción que los evoca,
se aferran inocentes al misterio
del libro que atesora cada historia.
Se aferran episodios que atesoran
pueriles desenfados y requiebros,
cual libro perpetuando las memorias
de lágrimas bohemias del destierro.
Aferrada al silencio de este libro
que comparten los secretos del desvelo,
yo descubro los rencores evasivos
que refugian el pretérito de empeños.
Cuando páginas y estigmas dejan huellas,
cual diario que perdona sin pretextos,
aferrada al evocar de las memorias:
yo conservo el talismán de mis recuerdos.
Una plegaria de luna, con el rocío de estrellas,
le cantan hoy a la Virgen serenata mañanera.
Te ves hermosa y radiante, mi luna cascabelera
con el halo de diamantes y una sonrisa de espera.
Con el rocío de plata, cascabel y castañuelas,
los luceros de la noche son los guardianes que llegan,
cual diademas de horizontes para la Virgen serena
con la belleza de Venus en su mirada de estrella.
Con la divina esperanza del amor que nos profesas,
miran ojos maternales las quimeras que destellan
el más fiel de los tesoros que bendice las promesas,
del verbo que se hace hombre caminando por la senda,
de la verdad, con los pobres y los fieles de la tierra.
Una plegaria sublime con Mañanitas viajeras
cantarán para alabarte los rincones de la tierra.
Y en tu vientre la esperanza vibrará en la santa espera,
con el Espíritu amado que nos consagra y nos llena
de la Paz que Dios ofrece en esa luz que nos besa,
desde el Belén del pesebre con la sonrisa de Estrella.
Mis memorias guardadas en las hojas del tiempo,
en páginas de sueños, cansancio y devaneos.
Mis memorias contadas con fuego de silencios,
cual seda entre mis manos y espinas de secretos.
Mis memorias son parte del caminar despierto,
fueron brotes de hazañas en un mundo de miedos,
de sutiles venganzas en estéril desierto,
de inconclusas palabras y recuerdos eternos.
Mis memorias arrullan el lirismo que siento,
revelando sublimes añoranzas del tiempo,
manifiestan mi rabia y el perdón a lo incierto
y la eclosión callada de mi amor en los versos.
Mis memorias las guardo cual tesoro discreto
en el cofre del alma que respeto y venero,
sensible a la esperanza de comenzar de nuevo
en la excelsa plegaria quijotesca de empeños,
auténtica entre sombras, genuina en el silencio
con seda entre mis manos y espinas de secretos.
Mis memorias del alma no son solo misterios
con pétalos marchitos en páginas del tiempo,
son espectros de ocasos y alboradas de intentos
del romance callado cual egregio embeleso.
Suspiro que se escapa cual éxtasis de un beso
robado entre las rosas bañadas del deseo,
amantes que se aferran al alba del anhelo
en clímax que desborda romance y desenfreno.
Delirio de la entrega con pétalos cubiertos,
el lecho que enternece la calidez de cuerpos,
aromas de sonrisas, galantes coqueteos,
pasiones que seducen el fuego del desvelo.
Insomnio bendecido, balance de los cuerpos
con cielo de caricias y brillo de luceros,
el penetrar sublime fascina el sentimiento
y súbita la entrega levita al mismo cielo.
Palabra en la mirada, oasis cual proemio
de entregas desafiantes y azares del silencio,
que anhelan placenteras los délficos jadeos
y ocupan los vacíos del corazón sediento.
Suspiro que escapado revela al universo
el resplandor del aura que brilla entre los besos,
de los labios que ofrecen el néctar del deseo
aferrados al alba cual romance de anhelos.
Cuando se muere una dama llora su gente el dolor,
de la partida profana que su alegría apagó.
Cuando se siente la rabia de la imponente aflicción,
no hay consuelo en la nostalgia ante la muerte precoz.
Se hace presente el milagro del amor, la comunión,
en la plegaria que eleva sus oraciones a Dios,
hacedor de la esperanza en la paz del corazón.
Cuando se deja un legado tan genuino en su esplendor
brillará siempre divina y auténtica la pasión
de la incansable guerrera, sincera de convicción
tan humana ante las penas, tan rebelde a la traición,
solidaria en la tristeza, misionera del perdón.
Madre, hija, hermana, amiga, auténtica en el amor
sin dobleces ni prejuicios, sin falacia ante el rencor,
dando siempre su sonrisa con la joya de su voz.
Esplendente ante la vida, defensora del honor
va la señora divina del carisma seductor
con su corona de diva y el adagio encantador,
en esa cruz que no expira cuando florece una flor.
De nuevo en mi camino persiste tu castigo
otra vez me confundes, ególatra atrevido
si alucinan las ansias del beso prometido,
en la tarde de invierno cual gélido testigo.
Y domina el recuerdo del requiebro tentado
que conserva el enigma en sagrado amuleto.
Y acompaña el hastío del invierno indiscreto
si se aferra al estigma del arcano pasado.
Sin embargo en las dudas que azarosas afloran
de nuevo en el capricho de anhelada quimera,
se evaden los quebrantos, te pienso en primavera
y abrigo el acertijo que el talismán adora.
Si humanizo el sendero en la errante tiniebla
que al ungir la nostalgia se consagra en su nimbo,
el recuerdo bohemio reticente en el limbo
no claudica de antojos persistente en la niebla.
Aún domina en la noche el inquieto vacío
lisonjero de acoples en arcén prohibido
y en la sombra del tiempo sometido al olvido
atenaza de nuevo tu recuerdo sombrío.
Aspergen hoy mis letras la nostalgia
que sufren la distancia cual martirio,
aspergen hoy las huellas del camino,
la triste filigrana de añoranzas.
Escriben hoy las letras confinadas
al piélago que intenso ha flagelado,
aciagos que laceran quebrantados
y exilian primaveras de palabras.
No hay rejas ni balaustres que encarcelen
conciencias que predican el ejemplo,
del verbo amar cual templo de evangelio
que instruye en el perdón que lo enternece.
Aspergen las quimeras sus revuelos
inquietas de preguntas sin azares,
sin falsos argumentos ni montajes
que asilan la esperanza en el silencio.
Y cantará en la noche la luna tus conciertos
y tú serás la estrella que irradie su fragancia,
brillando entre luceros que acorten la distancia
porque estarás cubriendo de oasis los desiertos.
Y será tu sonrisa quien sane desconciertos
que apurada partida sumió en la discrepancia.
Y nacerán leyendas que alaben la prestancia
cuando acordes celestes ponderen tus conciertos.
Y eternos los estigmas entre aciagos y aciertos
cubrirán distinguidos con cendales de gloria,
los senderos de sueños que enaltecen despiertos.
Y en la cumbre de anhelos se contará una historia
cuando escuchen acordes en los páramos yertos
y la sierra consagre la cruz de tu memoria.